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viernes, 9 de diciembre de 2011

RESTAURANTE MAS DE MONSERRAT EN MOIXENT



TRADICIÓN Y AMOR POR EL TERRUÑO
    
     En el congreso Lo Mejor de la Gastronomía tuve ocasión de conocer a José Bas, que nos presentó una gama de panes artesanos en el transcurso de la cata de quesos ofrecida por mi buen amigo y mejor persona Andrés García, de La Despensa de Andrés  en Ibi (Alicante). La idea de elaborar panes con sabores originales me pareció interesante y aprovechando su cercanía a una de las bodegas de obligada visita en la Comunidad Valenciana (Celler del Roure), pusimos rumbo a la comarca dels Aforins, en concreto al término de Moixent, ya en provincia de Valencia.


  
      Tras la jornada enológica y una posterior visita al yacimiento arqueológico La Bastida de Les Alcusses, cuna del célebre “Guerrero de Moixent”, que se ha convertido en el símbolo de la arqueología valenciana, decidimos reponer fuerzas en su establecimiento. Destacar que tanto la bodega como el yacimiento y el restaurante, se encuentran en un radio de no más de dos kilómetros, situados en pleno valle rodeado de arbolado, viñedos y frutales, donde se dan todos los alicientes necesarios para matar “tres pájaros de un tiro” y pasar una jornada completa insertos en la naturaleza e imbuidos de historia y tradiciones seculares: viticultura, gastronomía, historia y paisaje natural. ¿Quién da más?.

     La llegada al complejo rural que regentan José y Amaya, (Hotel y Restaurante) ya da idea del antiguo esplendor de la finca (largo camino de acceso desde un portalón, flanqueado de árboles y con el imponente telón de fondo del caserón al final del mismo) vuelto a lucir de nuevo gracias a los actuales propietarios. Tras acceder al comedor por una terraza-patio donde en verano se adivinan deliciosas veladas “a la fresca”, el calor de la chimenea de leña nos da la bienvenida y nos reconforta el espíritu tras el paseo montañés y la inminente lluvia que nos privó del sol y amenazó durante toda la mañana.


     Unos entrantes bastante bien trabajados lograron hacer de una materia prima más bien humilde, unos platos de cierto nivel, por imaginativos y bien presentados. Comenzamos con una escalibada casera, hecha a fuego fuerte de leña y coronada de capellán, que nos dio pie a saborear el surtido de panes artesanos con que nos sorprendió José: Pan con setas, de sabor delicado, trufado e incluso amielado, pan de sobrasada, con todo su carácter y color, pan de ajo y romero, ideal para acompañar los platos fuertes de monte y pan de espinacas con lascas de cecina, todo un espectáculo, tanto cromático como gustativo. Ni que decir tiene que la mera visión de un pan donde la miga es compacta y densa (por lo que pesa cada pan, no creo que ni siquiera flote en el agua), con reminiscencias del olor a horno de leña y todavía caliente, invita a comerlo solo, pese a los avisos de nuestro anfitrión del peligro que corríamos de no poder acabar con los platos propuestos (no se equivocó, pero si uno nace “panero” aquí encuentra un paraíso y hay que aprovecharlo).

    
 Otro entrante consistió en unas puntillas (chopitos) en salsa de Pedro Ximenez con habitas baby y aceite de albahaca, quizá algo dulces de más y donde el chipirón sólo actúa de mera base de expresión a la salsa que enmascara su sabor, debido también a un exceso de cocción. Quizá fuera lo más flojo del menú, por falta de tipicidad y exceso de dulzor, que no llegaron a solucionar las escamas de sal maldon que coronaban el plato.

     A continuación presentaron una buena pata de pulpo, previamente cocida y después pasada por la plancha, sobre lecho de unas excelentes patatas asadas a los dos pimentones, sazonada con salsa romesco. Una ternura extrema del pulpo conjugada con el fuerte carácter impreso en la plancha, hicieron de esta especialidad un plato a comentar y recordar.

      Prosiguió la degustación de entrantes con un plato impecablemente presentado, conteniendo un lomo de orza bastante tierno pero algo falto de carácter (especias) y una pirámide de morcilla con daditos de manzana y pipas de girasol, que resultó original y resultona, pese a no estar acompañada de un soporte neutro donde untarla y tener que sacrificar para ello el sabor de los magníficos panes ya mentados.

     Los entrantes se armonizaron con un curioso vino blanco de la zona, de nombre Brote. Un viognier-verdil de bodegas Los Pinos, sita en la vecina Fontanars dels Aforins; vino de producción ecológica con un coupage curioso y muy acertado, que maridó tanto con los platos de mar como con los de tierra adentro, ya que sus contundentes 14º estaban presentes, pero a su vez se veían suavizados por un leve contacto con la barrica y una más que probable estancia sobre lías.

     En el apartado de platos principales, un contundente arroz al horno, bellamente presentado en cazuela de barro con su cabeza de ajo entera al centro, nos dio una lección de historia gastronómica de la comarca, incorporando sólo los ingredientes que cada temporada les daba la tierra. En invierno, antaño no había tomates ni pimientos y sí productos “residuales” de la matanza, tales como careta y manos de cerdo. El arroz, con el refuerzo de unos garbanzos, supo transmitir el sabor y la esencia de la preparación. A su vez, al estar hábilmente “desgrasado” en su fase de sofrito, permite a quien lo deguste evitar pesadeces y posteriores sensaciones empachosas, sin sacrificar por ello su textura y sabor tradicional. Los que tienen con qué comparar, opinaron que pecó algo de seco, habiendo estado mejor con algo menos de horno.

     Para los estómagos bien entrenados que supieron dejar un “huequecito”, Pepe presentó un estupendo gazpacho de caza, servido sobre torta entera, adornado con piezas grandes de carnes de caza (liebre, faisán y pato) y unos gajos de patata asada que por sí solos configuraban un homenaje a la madre tierra. El gazpacho, guarnicionado con caracoles serranos y condimentado únicamente con hierbas de la zona, fue un festín para los sentidos en el que cada bocado rememoraba de inmediato los aromas del paseo campestre que precedió a la comida. Una experiencia memorable por lo original y sensual de sus sabores y aromas, que encierra en un solo plato siglos de tradición y comunión con la naturaleza. Sólo este plato, sin desmerecer el resto de la comida, ya justifica el viaje hasta la masía.

     Los platos fuertes los armonizó Pepe con un tinto de la misma bodega que el blanco, un Dominio Los Pinos 2.010, con un 40% de sirah, un 40% de monastrell y un 20% de garnacha, también con certificación de viticultura ecológica, que aportó su juventud y carácter a la labor de hacer frente a guisos contundentes en sabor y textura.

     El postre se compuso de una selección de bizcochos y tartas caseras acompañadas de fruta de temporada, donde también se vislumbraba el cariño del artífice por las recetas y formas de elaboración tradicionales, pero sin olvidar una presentación actual y atractiva. Se regó con un vino tinto dulce, un Punt Dolç de la bodega Heretat de Taverners, también de la vecina Fontanars dels Aforins. Un curioso tinto dulce natural de monastrell y garnacha tintorera, con 15,5º y una acidez patente que lo hacen sedoso y fácil de beber, sin resultar empalagoso.

     Tras el café, un herbero elaborado también con hierbas de la sierra nos puso un final de boca muy acorde con el resto y nos preparó el cuerpo para enfrentarnos a la incesante lluvia que aunque nos respetó hasta el momento de entrar al restaurante, decidió acompañarnos durante todo el viaje de vuelta.

     Un restaurante recomendado para aquellos que buscan la esencia de los sabores de la zona, donde se conjuga tradición y ganas de hacerlo bien, con una presentación y toques de elaboración muy actuales. Recordar que El Mas de Monserrat también dispone de un coqueto hotel rural con nueve habitaciones, donde se puede alargar la experiencia durante todo el fin de semana y así multiplicar por dos los beneficios que nos ofrece al cuerpo y al espíritu el hecho de pasar una jornada en aquella maravillosa zona.



Mas de Monserrat. Carretera de Moixent a Fontanars, km. 9. Les Alcusses de Moixent 46640 Moixent. Valencia. Tel. 962 132 424 – 645 384 331


Mail: info@masmonserrat-moixent.com

Precio medio: 30 €



EVALUACIÓN

Puntuación frescura y calidad de la materia prima: 5 /10

Puntuación elaboración-presentación de los platos: 7/10

Puntuación decoración- ambiente: 8/10

Puntuación conservación y servicio del vino: 8/10

Relación calidad-precio: 7/10

PUNTUACIÓN TOTAL: 7/10

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lunes, 3 de octubre de 2011

LA IGUALÁ. TERTULIA COFRADE




UN LOCAL CON SABOR Y TRADICIÓN PROCESIONAL
Buscando este restaurante, me sorprendo literalmente perdido en un agradable paseo por las calles más castizas del ilicitano barrio del Rabal, típico y popular donde los haya, donde el hecho de perderse viene a ser más una ventaja que un inconveniente. El doblar y redoblar sus calles y placetuelas permite descubrir rincones de una ciudad donde la historia todavía se mantiene muy viva. Es patente el esfuerzo por mantener el barrio vivo y digno, lo que atrae a un segmento de población joven y de cierto nivel, que convive y se integra a la perfección con sus habitantes de toda la vida. Esta nueva filosofía es la que parece haber imbuido a los propietarios del local y se hace patente desde que se cruza la puerta. La primera sorpresa la da una abigarrada decoración que inunda las paredes y nos transmite el inequívoco mensaje de lo que allí se vive: La Semana Santa en su estado más puro, mantenida viva durante todo el año gracias al esfuerzo de los cofrades. Estamos en una cápsula del tiempo que congela y reproduce a diario el sabor, el olor y el sonido de esos siete días que para muchos de los que allí se concentran son mágicos y marcan su calendario para el resto del año.

Allí nos recibe José Miguel Casanova, curtido desde joven en diferentes batallas cocineriles y enológicas. No en vano su familia regentó el histórico café Marfil, uno de los más antiguos de Elche (1.890) y que pasó a llamarse posteriormente Café Casanova. José Miguel también ha pasado por los fogones de La Alacena del Frare, El Misteri o La Finca y también ha hecho sus pinitos en la distribución de vinos.

Si hemos elegido el estilo tradicional de comer a base de tapas y raciones, destacamos unos boquerones en vinagre caseros que, sobre un lecho algo más digno, pueden llegar a ser un bocado exquisito. Las croquetas de jamón ibérico no defraudan y dejan ver buena materia prima y ciertos toques de originalidad. También serios los buñuelos de bacalao y la fritura de pescado o los calamares, cuando el mercado ofrece buen género. La ensalada tradicional de la tierra nos ofrece un muy buen tomate y unos capellanes en salazón, tostados a fuego vivo como manda la tradición. El salmorejo, logrado, puede ser la perfecta transición que nos dará paso, si preferimos tomar un plato principal y hemos dejado un generoso hueco en nuestro estómago. Podremos enfrentarnos a un pantagruélico arroz con costra, imagen culinaria de la ciudad, magistralmente elaborado aquí y que se ha erigido en plato estrella de La Igualá, de tal forma que los viernes, día temático, puede resultar casi imposible encontrar una mesa libre para disfrutar de esta original forma de cocinar el arroz. Aunque no lo necesita, también ayuda el irrisorio precio del menú de los viernes donde por 9 Euros ofrecen entrante, arroz (costra, como se llama por allí), bebida, postre y café. Dado el éxito de la especialidad, han decidido popularizarlo aún más y paliar la falta de espacio (unos 30 comensales) ofreciendo arroces para llevar. Si los responsables del local decidieran repetirlo una o dos veces más entre semana, podría convertirse en un sitio de culto para los amantes de la “costra”. Otro plato principal con mucha aceptación y buena factura es la ternera con salsa al chocolate, que merece un capítulo aparte.

De postre tenemos la oportunidad de probar fuera de su temporada unas deliciosas torrijas, esponjadas y cremosas. Se nota como, a fuerza de elaborarlas a diario, han conseguido la excelencia, huyendo de los baños de azúcar y excesos de aceite que encontramos en otras. Este es el broche de oro para nuestro viaje espacio-temporal a la Semana Santa Ilicitana con un guiño de mestizaje andaluz.

Los jueves suelen recibir a los cofrades que durante todo el año ensayan sus procesiones, ofreciendo tercios de cerveza San Miguel con tapa a precios populares (1 euro).

También se organizan fiestas flamencas con actuaciones en directo donde disfrutar del un “rebujito” o de un buen mojito mientras se palmea un rato al ritmo de las guitarras.

A mejorar urgentemente la carta y el servicio del vino, especializándose en vinos de la zona de Jerez - Puerto de Santa María- Sanlúcar de Barrameda, mejorando la conservación y temperatura se servicio. Una pequeña-gran inversión en menaje y mantelerías añadiría estilo y calidad al conjunto.


RESTAURNTE LA IGUALÁ Tertulia Cofrade. C/ Fossar, 20 Elche. Telf. 966 244 087



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viernes, 15 de abril de 2011

CENAS MARIDADAS EN EL RESTAURANTE QUATREPORTES DE SAN VICENTE



UNA CITA MENSUAL INELUDIBLE PARA LOS AMANTES DEL VINO


     Desde hace algo más de un año y siempre fieles a su cita mensual, en el restaurante Quatreportes de San Vicente del Raspeig se llevan a cabo unas interesantes cenas temáticas, donde el vino y la gastronomía se cogen de la mano y hacen las delicias de los presentes, mientras que destacadas personalidades del panorama enológico alicantino ofician como maestros de ceremonias en un simbólico matrimonio donde, siempre atendiendo a una región o a un grupo de alimentos concretos, se materializa la unión entre un estudiado grupo de platos, que cubren con creces las expectativas de cualquier gourmet y una cada vez más cuidada y selecta batería de vinos, elegidos por Jose Ramón Gómis con muy buen criterio para que la unión sea perfecta. Lo interesante de estas cenas es que están abiertas a todo nivel de conocimiento previo sobre el mundo del vino, ya que de hecho se puede ver disfrutar mano a mano tanto al neófito como al sumiller reconocido que esa noche se deja caer para darse un homenaje y de paso ponerse al día. Debo reconocer que aunque cambiante, el grupo es exquisito y acoge con los brazos abiertos a nuevos navegantes.

     El pasado miércoles 13 de abril tuve la ocasión de ejercer de maestro de ceremonias y disfrutar de la gastronomía catalana junto a una serie de vinos bastante representativos de la nueva tendencia que está llevando al vino catalán un peldaño más arriba de lo que ya estaba en la pasada década. Se probaron creaciones de importantes personalidades en el mundo enológico a nivel nacional, tales como el Dido de Sara Pérez de Venus la Universal, Raül Bobet con su Thalarn, dos nuevos monovarietales blancos de Jaume Gramona, un interesante Equilibrist de Francesc Martí, sin olvidar al grupo humano que hay detrás de todo un “clásico moderno” del Priorat como es el Onix Evolució (hay que reconocer que éste último chirrió un poco al batirse con el resto de vinos, de una a todas luces superior factura).

     En el apartado de gastronomía, de mano de Vicente Fuentes y su equipo de cocina se empezó a hacer boca con una coca de escalibada con las exquisitas anchoas de La Escala y un pa amb tomaca con longaniza payesa, para pasar a unos fideos rossejats de excelente factura y horneado justo, que nos prepararon el paladar para disfrutar con un excelente suquet de pescado, finamente elaborado y perfectamente guarnicionado, del que destacaría su original nube de polvo de avellana. Tras el pescado pudimos disfrutar (nunca mejor dicho) de unos canelones de carne trufados, que hicieron arrancar más de una exclamación a los comensales. El postre no se quedó atrás y consistió en un amanzana asada rellena de crema catalana y crujiente de frutos secos, que armonizó de maravilla con el último de los vinos: Un Vino  de hielo de la variedad Gewurztraminer que nos dejó un impresionante sabor de boca. La forma en que se combinó cada plato con un vino en concreto lo dejo para los que estuvimos allí presentes y así hago funcionar la imaginación del lector, que sin duda ya se habrá planteado su maridaje ideal.

     Como de la disertación previa a la cena, donde se dio a conocer a los asistentes el pasado, presente y futuro de la enología catalana y de la labor de cata comentada de cada vino, incidiendo en el cómo, el porqué está elaborado así y quién hay detrás de ellos se encargó un servidor, me voy a abstener de calificarla, aunque debo reconocer que si ellos disfrutaron escuchando tanto como yo transmitiendo mi experiencia, debieron de pasar un buen rato.

     La cosa sigue y ya estamos preparando para Mayo una interesante muestra de vinos austriacos, alemanes, italianos y franceses que nos harán pasar una velada de “Europa League” mientras los disfrutamos y descubrimos que nos tiene preparado el chef para este tour internacional.
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lunes, 17 de mayo de 2010

RESTAURANTE LA MONTAÑA EN COCENTAINA



CUANDO LA NATURALEZA SALTA DEL ENTORNO Y SE CUELA EN TU PLATO

Enclavado en la montaña alicantina, concretamente en el municipio de Cocentaina y con unas maravillosas vistas al valle del río Serpis, se encuentra el restaurante La Montaña, donde tras un intrincado acceso desde la carretera N-340, se entra a la propiedad a través de unos extensos y cuidados jardines, en los que ya se observan además de una preciosa carpa para celebraciones, distintas terrazas con un bonito mobiliario colonial, que se distribuyen por diferentes rincones, augurando unas deliciosas veladas de verano bajo un cielo donde todavía es posible contemplar las estrellas.

Ya en el interior se observa un estilo rústico pero espacioso y exento de excesivos aperos y chabacanerías que tanto abundan últimamente por las zonas rurales. Cabe destacar los diferentes ambientes destinados por una parte a quien disfruta de un rincón recogido e íntimo, y por otra a los que, como en mi caso, disfrutan sentados frente a un inmenso ventanal que hace que la montaña se siente a comer a tu mesa y que la luz inunde la estancia, permitiendo a su vez contemplar la surtida huerta en la que pocas horas antes crecía alegremente la mayor parte de los ingredientes que ahora están en mi plato.

La mantelería y el menaje, actuales y de acorde con el local, destacando sobre el conjunto el diseño de los platos, de gran tamaño y distintos colores, que aportan una nota desenfadada al comedor.
Respecto a las personas que dan vida al restaurante, destacar la maestría y presencia humana de Jose Luis Olcina “Josele”, que en compañía de su esposa Susi y tras una vida dedicada a los fogones (No en vano nació y se crió en la venta el Pilar, que regentó su padre José, medalla de oro al trabajo y al mérito turístico) y diversas experiencias con varios locales y localizaciones, ha logrado a mi juicio lo que todo restaurador sueña: Un restaurante donde tanto sus clientes como él mismo disfruten de la categoría y servicios propios de un local “estrellado”, pero sin el estrés y el sobreprecio que significaría tenerlas oficialmente concedidas y mantenidas. Creo que Josele no las busca aunque pudiera tenerlas sin mucha dificultad.

Destacar por otro lado la exquisita educación y el trato dado por su hermana, que con encanto y sencillez es capaz de conseguir que se disfrute de intimidad y a su vez se esté constantemente atendido ante cualquier necesidad, sin que esto suponga la más mínima injerencia (cosa muy difícil de encontrar últimamente). Como único contrapunto al equipo humano, el camarero encargado de los vinos, que aunque muy correcto y eficiente, se veía algo exiguo en conocimiento y presentación de los mismos, en las temperaturas y en el servicio (sigo haciendo campaña para que el vino ocupe el lugar que le corresponde en sala y tenga el trato y el servicio que se merece).

Una vez ubicados y puesto rostro al restaurante, pasamos a dar un repaso a las especialidades que allí se pueden disfrutar, comenzando con una tradicional pericana, sublime y crujiente al máximo, como si de corn flakes se tratara, exenta de la aceitosidad que caracteriza a este plato y donde se conjugaban a la perfección unos pimientos especialmente cultivados para este plato (parecidos a los choriceros riojanos), un excelente bacalao desmigado y braseado y sus correspondientes ajos y especias. De las mejores que he probado, siendo éste un plato del que cada restaurante de la comarca suele jactarse de contar con la receta verdadera y perfecta. Creo que Josele la ha conseguido.
     Ahora toca su turno a una verdadera bomba de sabor y frescura vegetal: calabacines a medio crecer y que aún conservan su flor, que ha sido magistralmente rellenada de una crema de queso fresco y foie. El conjunto está rebozado en tempura con sésamo y levemente frito, logrando una textura crujiente y suave que respeta escrupulosamente la frescura de la materia prima. A mi juicio una combinación perfecta entre la sencillez de la huerta y la sofisticación oriental de su presentación.
En el apartado de ensaladas destacar un colorido conjunto de brotes germinados de lombarda, cebolla y brócoli, distintas hierbas de la huerta, zanahorias, taquitos de fresa, granos de granada, pipas de girasol y trocitos de turrón de Jijona, que causó expectación, tanto por su combinación de colores y su presentación, como por el aliño que la acompañaba: vinagre de fresa. A lo largo de la comida descubrí que una de las aficiones de Josele es la creación de originales y alocados aliños para platos y ensaladas, que se pueden adquirir tanto in situ como en ciertas tiendas gourmet de la provincia. Son todo un alarde de imaginación donde podemos encontrar creaciones tales como aliño de gin tonic, higo chumbo, licor café, vodka con naranja, eneldo, cereza y así hasta más de 17 que pude contar en la vitrina donde los expone. Durante la comida probamos el de fresa, higo chumbo, licor café y eneldo, más los que llevasen incorporados los platos. Una apuesta ganada por diferenciarse y ofrecer un producto propio y original.

Sublimes como entrante las habitas baby, diminutas y tiernas (de su huerta, por supuesto), salteadas con foie y turrón, donde se ha logrado un perfecto contrapunto entre el dulzor intrínseco de todos los ingredientes y la salsa que complementa el plato. Destacar que tuvieron el detalle de bajar expresamente a la huerta y ofrecernos un platito de habas crudas recién recolectadas, hortaliza ésta que si bien de la meseta hacia arriba es considerada poco menos que forraje (ellos se lo pierden), para los que vivimos en el mediterráneo supone un manjar en conexión directa con el éxtasis.

Destacar las alcachofas estofadas, acompañadas de pasas y piñones, que directamente se derritieron en la boca, como si en vez de vegetales se tratase de figuras hechas de mantequilla. Exquisitas y acertadamente aderezadas con la salsa ofrecida. Algunos comensales destacaron positivamente el hecho de servirlas conservando una buena porción del pedúnculo, síntoma según los entendidos de una gran frescura y un tamaño perfecto para su consumo (ni que decir tiene de donde habían salido).

Como guiso se sirvieron unas cazuelitas de Olleta, otro guiso tradicional de la montaña alicantina, donde se combinan las habichuelas blancas y las pencas, con magro de cerdo, morcilla y embutidos autóctonos. Un plato redondo que me hizo entrar en calor y olvidar la tormenta que azotaba el bosque que tenía frente a mí. Con este plato pasa como con la pericana: Hay tantas variantes como cocinas donde se elabore. Yo lo encontré sabroso y contundente, evocando desde la primera cucharada recuerdos infantiles en la cocina de mi madre, por lo que le doy la máxima puntuación.

El plato de pescado lo compuso un sublime taco de bacalao fresco en salsa de eneldo y sésamo con tirabeques, que se deshizo en la boca y mantenía a su vez una maravillosa contundencia y ligazón. En este plato aprecié una decepcionante “salmonización” del bacalao, un error a mi juicio, ya que la calidad de la materia prima daba para probar con una salsa menos manida que la de eneldo, que no enmascarara los sabores, sino que los potenciara (si no se quiere innovar, un simple pil pil o una salsa de almejas lo hubiese elevado a los altares). El plato se acompañaba de una bonita guarnición de verduras crudas donde destacaba el colorido de los pensamientos.
La carne vino dada por un excelente filete de lomo alto de ternera estadounidense al centro (de Dakota para más señas), en su punto de plancha, muy tierno y jugoso, magro en extremo y sin escatimar con la sal gorda que lo recubría. Un bocado delicioso, representativo del surtido grupo de carnes procedentes de distintos lugares del planeta que nos ofrece la casa. La carne la disfruté sazonada con una crema de mostaza elaborada personalmente por Josele, que tuvo la atención de mostrarnos los distintos granos en crudo que adquiere para sus condimentos (para un sumiller, olfatear y distinguir entre distintos granos de mostaza, es un divertimento que quizá no sea comprendido ni compartido por el resto de los mortales).

El “prepostre” como le gusta llamarlo a nuestro experto en la materia Andrés García, fue a base de quesos, de los que el restaurante se surte en el ibense puesto del mercado central “La Despensa de Andrés”. En esta ocasión se trató de tabla muy elaborada y profusamente decorada, en la que se supo poner de manifiesto la grandeza de este alimento y la infinita variedad de sabores y sensaciones que nos puede aportar; más aún si se combina, como fue el caso, con distintas mermeladas y dulce de higos. Una vez superada la pena de destruir aquella maravillosa composición pictórica, se dio oportuna cuenta de un Comté (Francia) de 12 meses, un Mimolette (Francia) de 18, una excelente torta de barros (Extremadura), un manchego curado al brandy recubierto de manteca y romero, un repelente pero exquisito para muchos Munster (Francia), un fabuloso y escaso queso azul de Shropshire (Inglaterra) y un curioso Gouda (holandés) de 12 meses, de cabra (rareza) y macerado al caramelo.

Como el pronombre “pre” dejaba entrever, a continuación entraron en escena los postres, compuestos por unos generosos platos individuales surtidos de una fabulosa tarta de mouse de chocolate negro y de un helado de vainilla sobre bizcocho bañado en leche y canela (rosegons), hermosamente presentados. Al centro se dispuso a su vez una exquisita manzana asada rellena de crema pastelera y nueces, decorada con flores de nata, fresas y hojas de menta.
















En cuanto a los vinos, los elegidos para la gloria fueron los siguientes:

- Tinto Heretat de Taverners crianza 2.004, con tempranillo, cabernet sauvignon y monastrell, de la relativamente cercana y centenaria bodega del mismo nombre, ubicada en Fontanars dels Aforins, acogida a la D.O. Valencia. Evolucionado, caliente y sin vida.

- Tinto Mallaura 2002 de Heretat de Taverners. Cabernet sauvignon, monastrell y merlot, con 18 meses en roble francés de 1º y 2º año. Vivo y elegante.

- Tinto Dominio de Ugarte reserva 2004, de la riojana bodega Heredad de Ugarte, de Alavesa subzona de Laguardia, con un 95% tempranillo y un 5% graciano. Plena fruta y vigor.

- Tinto dulce Maigmó, 100% MONASTRELL, de la bodega local Vins del Comtat (D.O. Alicante). Dulzor con carácter y viveza vegetal.

- Pedro Ximenez El Candado, de la jerezana bodega Valdespino. Un postre en estado líquido.



Restaurante La Montaña. Partida Els Algars, 139. 03820 Cocentaina (Alicante). Tlf. 965 590 832.

Mail: info@restaurantelamontana.es

Web: http://www.restaurantelamontaña.es/


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domingo, 21 de marzo de 2010

CATAS EN RESTAURANTE QUATRE PORTES




OTRO CONCEPTO DE CALIDAD EN SAN VICENTE DEL RASPEIG

Dice el refrán “Casa con dos puertas, difícil de guardar”. La idea de Vicente Fuentes de abrir un restaurante de cierto standing en plena crisis, sin que los brotes verdes se dejen ver todavía, es un síntoma de locura o de genialidad. Una vez que se conoce el mensaje que quieren transmitir desde Quatre Portes, queda claro que se está ante un concepto genial donde el vino y la alta gastronomía se dan la mano y se complementan como en pocos sitios, para formar lo que siempre debió ser desde que se pisó el primer racimo: Un matrimonio bien avenido.
Desde su reciente apertura en diciembre del año pasado, se está trabajando seriamente en materializar este concepto a través de una serie de catas maridadas en las que, además de presentar una serie de vinos bastante interesante, se suma la degustación de un menú creado especialmente por su chef para la ocasión para hacer que se disfrute plenamente de los vinos (o viceversa). A la cena le suele seguir una animada tertulia en la que se comentan las impresiones que cada participante ha obtenido de la experiencia, siempre en un ambiente relajado y fuera de formalismos y estiramientos.

El Quatre Portes está regentado por Vicente Fuentes, que hace las veces de gerente y jefe de sala, estando los fogones a cargo de Iñaki, profesional formado en las mejores cocinas de España, que ha sabido transmitir un curioso carácter vasco a unos platos típicamente mediterráneos, convirtiéndolos en algo realmente innovador y exquisito.

Sirva como ejemplo la última cata que se celebró el pasado 3 de marzo de mano del sumiller Juan Francisco Gallego, donde se tocó la trilogía Yecla-Jumilla-Alicante, con un claro protagonismo de la monastrell, donde sin escatimar en medios y en sapiencia, se cataron los alicantinos Mira Salinas 2.007 y Sequé 2.007, los jumillanos Juan Gil 07 y Clío 07 y el yeclano Casa de las Especias del 2.006. Como curiosidad se añadió a los postres un vino dulce del Jurançon francés, bastante interesante.

El menú estuvo compuesto por cecina de León (lo cierto es que era de vaca), Terrina de bacalao con chocolate, crujiente de rabo de buey con hongos y foie, y para terminar una espuma de queso azul y frutos secos. Tanto los vinos como el menú derrochaban estilo y calidad por los cuatro costados, por unos ajustados 29 €. Que cada cual haga su maridaje mentalmente y no se pierda la próxima cata, que promete ser todavía mejor y más original si cabe.

Restaurante Quatre Portes
C/ Alfonso XIII, 12. 03.690 San Vicente del Raspeig (Alicante) tlf. 966 59 79 79.
Email: Cuatreportes@gmail.com
Precio medio: 38 euros
Referencias en bodega: 160 vinos y unos 40 destilados.
Horario: de 12 a 17 y de 20 a 24 horas.
Cierra: La noche del domingo, lunes y martes.


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martes, 26 de enero de 2010

EL BULLI CIERRA EN 2.012




EL QUE PUEDA QUE APROVECHE AHORA, POR SI ACASO
Nota de prensa de elBulli. 26.01.2010
elBulli da un paso adelante
Ferran Adrià ha explicado hoy durante su ponencia en el Congreso Madrid
Fusión cuál será la hoja de ruta de elBulli para el período 2010-2020.
En 2012 elBulli cumplirá 50 años desde sus inicios, y Ferran Adrià y Juli Soler
han decidido hacer coincidir este aniversario con el final de un ciclo y el inicio
de una nueva etapa, en la que se va a apostar de una manera radical por la
creatividad y la búsqueda de nuevos retos y estímulos.
En base a este planteamiento, la agenda de los próximos años de elBulli será
la siguiente:
1) En 2010 abrirá desde el 15 de junio hasta el 20 de diciembre.
2) El calendario de apertura de 2011 será comunicado durante el mes de
septiembre de 2010.
3) En 2012 y 2013 elBulli permanecerá cerrado al público. Serán dos años
que se dedicarán a reflexionar, programar y preparar el nuevo formato
para los años siguientes.
a. Esto permitirá contar desde ese momento con dos centros
creativos: elBullitaller de la calle Portaferrissa en Barcelona y el
propio restaurante elBulli en Cala Montjoi.
b. Durante este tiempo se analizará todo el know-how de
elaboraciones, técnicas y estilos de el Bulli tras 30 años de
trayectoria creativa, trabajo que se verá reflejado en una
exhaustiva y pormenorizada enciclopedia.
4) En 2014 elBulli abrirá de nuevo, buscando siempre los límites de lo que
es un restaurante como formato, en base a los siguientes criterios:
a. Se priorizará la investigación por encima de la producción.
b. Cada temporada será diferente en cuanto a fechas de apertura,
número de servicios y clientes, equipo de trabajo, etc., yendo más
allá en el ejercicio de innovación que elBulli ya ha venido
haciendo durante años desde que se decidió abrir sólo durante 6
meses, realizar un sólo servicio al día o suprimir la carta, por citar
unos ejemplos.
Fuente: www.elbulli.com
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

RESTAURANTE CARAMULL DE XALÓ



Rodeado de montañas, campo y viñedos de moscatel, se encuentra la población de Jalón (Xaló), ya en plena Marina Alta alicantina, lo suficientemente cerca del mar para notar su influjo, pero lo suficientemente lejos para huir del turismo masificado.

A las afueras del pueblo encontramos el Restaurante Caramull, con aspecto de una casa ajardinada, pero sin vallas ni barreras visuales que lo aíslen del exterior. Ya en su interior se observa una decoración de corte moderno y pulcro, con el detalle cuidado al extremo, donde destaca una preciosa arcada de piedra que me recordó a las construcciones tradicionales de la zona, los riu rau donde se secaban las pasas de moscatel. También llama la atención un patio interior con un gran paellero que, junto con su terraza, auguran unas veladas de lo más agradable en las interminables noches de verano. El nombre, caramull, viene a significar repleto o colmado, en relación a un plato de comida, lo que ya nos predispone a no salir del local con hambre.

El restaurante está sabiamente regentado por Xaro e Inés, mujeres con dilatada experiencia en el mundo de la gastronomía, que transmiten en sus platos cierta pasión por la cocina tradicional de la zona y un interés especial por que la materia prima que los conforma no pierda en ningún momento su identidad. A este concepto de tradicional tenemos que unir una elaboración totalmente innovadora e imaginativa que hace las delicias de los amantes de la estética y el buen gusto en un plato. Nada es a priori lo que se dice que es, pero luego todo está ahí, marcando su sabor y su personalidad.

En esta ocasión pudimos probar a modo de menú degustación, los cuatro platos más el postre que componían el menú del día, con lo que pudimos disfrutar doblemente de sus especialidades a un precio bastante moderado:

- Ensalada de distintos vegetales, con una vinagreta muy bien elaborada, acompañada por unas curiosas albóndigas de morcilla, que por desgracia el interior todavía presentaban escarcha, quizá como consecuencia de una descongelación poco afortunada.

- Crema de remolacha, de un atractivo color púrpura, donde la mezcla con otros componentes (hubo debate sobre si se combinaba con puerro o con espárragos), le hace alejarse de una sopa dulzona y monótona, resultando tener un sabor y una finura exquisita.

- Un hermoso taco de un fresquísimo bonito a la plancha, magistralmente sazonado y con unas originales semillas de amapola, acompañado de cintas de pasta y rodajas de calabacín con vinagre de Módena. El bonito algo crudo de más en el centro, debido al grosor del taco.

- Fideos en rustidera con cordero deshuesado. Un plato presentado al modo de una fideuá, con un sabor perfectamente equilibrado. Una elaboración sencilla y brillante a la par. Una exquisitez.

- El postre consistió en una crema/sopa templada de manzana ácida, con helado de manzana verde y frutos secos molidos caramelizados. Sublime y natural. Un postre como este, presentando esos contrastes de sabores y temperaturas ya justifica en sí mismo la visita al restaurante.

Por cierto, los panecillos, recién hechos y calentitos, estaban de rechupete.


El vino lo llevamos nosotros, ya que tienen la loable costumbre de permitir que los clientes lleven sus vinos, abonando en nuestro caso un descorche de 14 euros para siete comensales, con lo que se puede disfrutar de un buen vino sin que suponga un desatino para el bolsillo, cosa que se agradece con la que está cayendo últimamente.

La amabilidad y atención de las propietarias es digna de reseñar. Sólo destacar una pequeña pega con respecto a la chica que se encargó de nuestra mesa: No todos entendemos valenciano, y si a cada presentación o explicación de un plato que da, le sigue una batería de preguntas en castellano para intentar comprender lo que dice, o bien le ha tocado una mesa de sordos o bien no ha captado la sutil forma de pedirle que se haga entender por todos los comensales. Salvado este inconveniente gracias a la traducción del único valenciano del grupo, el resto del servicio fue correcto.

En resumen la experiencia fue positiva y enriquecedora y no dudaré en repetir la próxima vez que vaya por la zona, para pasar revista a las carnes y los arroces, que tan buena prensa tienen.

Restaurante Caramull Ptda. Cutes, 17

03727 Jalón (Alicante)

(Desde Benissa, antes de entrar al pueblo, a la derecha).

Tel.: 966.481.309




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