PENFOLDS CREA UNA OBRA DE ARTE CON VINO EN SU INTERIOR
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lunes, 17 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN PALMAS DE TÍO PEPE EN ALICANTE
¿Qué mejor lugar para la presentación que un espacio llamado "Tiza y Flor"?
Si hace un par de años tuve la suerte de disfrutar de la sabiduría de Antonio Flores en su cata “Del mosto al VORS”, donde este veterano enólogo nos desvelaba los secretos de la evolución que sufre un vino fino, en concreto el Tío Pepe, hasta llegar a la senectud de un VORS, el pasado 28 de noviembre pude disfrutar de lo que podría definirse no como una continuación, pero si como una versión VIP de aquella mítica cata.
Juanma Terceño fue esta vez el encargado de presentar estas pequeñas obras de arte de la enología jerezana y tras una breve presentación de las bodegas González Byass y sus vinos, llegó el momento de liberar el frasco de las esencias (nunca mejor dicho) y gozar de una experiencia que a los enamorados del vino de jerez no les puede parecer otra cosa que el puro y verdadero goce de una parcelita del paraíso.
El proceso de creación de estos vinos, sin entrar en demasiados conceptos técnicos (si se quieren, recomiendo el post de Eduardo Sanz en Verema.com ), comienza a partir de ciertas botas de un vino fino Tío Pepe, que cuando ya ha alcanzado su plenitud o momento de saca, llama la atención del capataz de la bodega por la finura y calidad de sus aromas y sabores, siendo “indultado” y pasando entonces a formar las criaderas del futuro fino amontillado y del mas futuro amontillado VORS en el momento en que pasen 40 añitos de nada. Por tanto los palmas tienen una edad mínima que ronda entre los 6 años del 1 palma hasta los 40 años del 4 palmas. Los vinos catados en esta ocasión se embotellaron el pasado 18 de octubre en unas cantidades tan exiguas que no pueden ser otra cosa que testimoniales. En esta ocasión viene que ni pintado el viejo refrán manchego: “como te descuides se te va el vino en catas”. De hecho ya es difícil encontrar alguna botella en el mercado a un mes escaso de su lanzamiento.
NOTAS DE CATA
Fino Una Palma
Vista. Amarillo dorado con reflejos oro, ligeramente más subido de color que el fino Tío Pepe convencional, ya que no se ha filtrado ni clarificado en demasía.
Nariz. Enormemente intensa, salina, potente, iodada con muchísima flor de levadura y notas de hinojo y hierba luisa. Conforme se oxigena va evolucionando y ofrece almendrados y leves toques ahumados y maderosos.
Boca. Entrada seca con un paso potente y expansivo que no deja de abrirse y pedir espacio en la boca. El centro está dominado por la almendra amarga, la aceituna y la sensación salina, expresando una acidez muy larga. El final es interminable y en él aparecen además ciertas notas que algunos de los presentes identificamos como indicativas de mineralidad (talco, yeso). La acidez sigue ahí y te hace salivar durante minutos.
Conclusión. Después de este vino, y mientras me dure su recuerdo en la memoria olfativa y gustativa, no volveré a disfrutar con una copa de fino o manzanilla “estándar”. Es la parte negativa de catar leyendas y subir tanto el listón.
Fino Dos Palmas
Vista. Amarillo oro subido con ciertos destellos de oro viejo.
Nariz. Se sigue notando claramente la crianza biológica, pero esa flor ya es más sutil y comienzan a apuntar los acetaldehídos y las maderas que ya nos hablan de la oxidación que sucede a una muerte gradual y lógica del velo de levaduras. Al oxigenar se acrecienta algo la sensación biológica y mucho la vegetalidad. Se detecta alguna nota cítrica.
Boca. Entrada seca pero no secante como el anterior, con un paso mucho más lineal y fluido. El centro se presenta equilibrado entre las maderas y los frutos secos, sin que tome partido por ninguna de ellas. El final también es muy largo y con una intensidad mediana y comedida.
Conclusión. En comparación con el vino anterior, se presenta menos intenso, algo más apaciguado y en mi opinión navega entre dos aguas sin definirse ni llegarme a emocionar.
Fino tres Palmas
Vista. Amarillo oro con reflejos cobrizos.
Nariz. Ya cuesta discernir la flor de levadura y se apoderan de ella los aromas maduros y elegantes tanto de los frutos secos tostados como de la madera de cedro, el sándalo y la cera de abeja (comienza a tomar tonos canónicos).
Boca. Entrada seca y todavía algo fresca con un paso envolvente y aterciopelado que sin embargo se mantiene algo fluido y bastante iodado. En el centro de boca se expresa de forma expansiva, multiplicando por diez las sensaciones de elegancia que demostraba en nariz. El final es casi eterno y muy cambiante, pasando en forma de oleadas, de los amargores a las lacas, de las maderas nobles a los perfumes e inciensos… y vuelta a empezar.
Conclusión. El último escalón de un fino viejo de calidad antes de doblar la testuz y pasar al reino de los amontillados. El último reducto de resistencia de la flor, elevada a los altares (o más bien a la sacristía) por las notas oxidativas.
Fino Cuatro Palmas
Vista. Caoba clara con un tono claramente verdoso aceitunado. Destellos cobrizos profundos.
Nariz. Senectud y armonía. Un amontillado de libro donde las maderas enceradas, las lacas, la carga alcohólica, el azúcar quemado y los ahumados se combinan de manera envolvente y elegante, dando una nariz eterna y perfumada, capaz de perdurar durante horas, incluso tras quedar la copa vacía.
Boca. Entrada muy seca, potente y con una acidez todavía patente. El paso es fluido y nos recuerda que un día fue fino y adelgazó el glicerol hasta lo inimaginable en otros vinos de su estilo. El centro potente hasta el exceso, grande y con cierta sensación secante y astringente en el final, que se presenta mucho más allá de largo y rodeado de la elegancia que sólo más de 40 años pueden otorgar a un vino.
Conclusión. Cambia el concepto de vino pero no la grandeza. El vino es eterno en el recuerdo, pero sutil en el cuerpo. Obligado de probar al menos una vez, para llegar a comprender algo mejor la magia del marco de jerez.
Como colofón se presentó un tinto dulce de la variedad Tintilla de Rota, de producción limitada y sabor agradable, aunque sinceramente no pasó de ahí. Fue un detalle traer un vino tan escaso. Hay que reconocer que someter a cata un tinto dulce en pleno feudo de la monastrell, no deja de ser un acto de valentía.
Agradecer la ocasión de contar con estos vinos en Alicante a Pedro Ruiz Belda, que logró traer a Juanma y sus joyas a la enoteca Tiza y Flor y dio la ocasión a los alicantinos de poder gozar del paraíso jerezano sin moverse de la “terreta”.
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viernes, 5 de octubre de 2012
Galicia’s Excellent. Las estrellas del vino gallego visitan Alicante
El
pasado día 2 de octubre tuvo lugar en el espacio Gourmet Experience del Corte
Inglés de Alicante un raro fenómeno astronómico. Pocas veces en esta ciudad se
habían reunido tantas estrellas de la viticultura gallega como en esa tarde.
Fruto de una larga labor de gestión y buen hacer por parte del sumiller Germán
Alguacil Varona, se dieron cita en este espacio las 15 bodegas que están
consideradas como la élite y la vanguardia del universo del vino gallego.
La
presentación fue impecable, ágil y con la elegancia y buen hacer a las que nos
tiene acostumbrados el equipo de Germán, lo que fue correspondido con una
notable asistencia de público en general y de lo más granado en el mundo de la sumillería,
restauración y crítica de la provincia, siendo unánime el sentimiento de
satisfacción ante un evento lúdico y estiloso a partes iguales.
Por
parte de bodegas Valdesil de la D.O. valdeorras, Ana Cava ofreció sus dos vinos
más selectos elaborados con la variedad Godello, el Valdesil sobre lías, sedoso y acídulo a su vez y el Pezas da Portela con fermentación y
crianza en barrica, con un equilibrio
ideal entre las notas de madera y una exquisita vivacidad floral.
De la bodega Dominio do Bibei de la D.O. Ribeira Sacra, David presentó dos tintos
y un blanco, a la vez que ofrecía a quien se acercaba a su stand una verdadera
lección magistral de viticultura ecológica. Sus vinos catados fueron Lalama 2.009, con un 75% de Mencía y con cuatro variedades autóctonas,
que pese a su larga crianza se presentaba vivo y muy mineral. Su Lacima 2.009, monovarietal de Mencía
con una producción de 3.300 botellas se desveló enormemente frutal, floral y
derrochando viveza y originalidad de color y capa. El blanco Lapola 2.010 con un coupage mayoritario
de godello a la que sigue albariño y un ramillete de cinco variedades gallegas
más, destacaba por su color gris y atípico fruto de la no filtración y por
ofrecer una verdadera explosión de fruta madura, acidez y un final de boca
interminable.
El
viticultor Eladio Piñeiro de la D.O. Rias Baixas presentó su monovarietal de
albariño, el Frore de Carme 2.009,
con una crianza peculiar en la que utiliza las lías de dos añadas distintas y
cierta técnicas que según su autor le dará al vino una longevidad de entre 10 y
12 años. No es necesario esperar tanto para disfrutar de su buen hacer.
Por
parte de la pontevedresa bodega Pazo de Barrantes, dentro de la D.O. Rías
Baixas, se cataron el Pazo de Barrantes
2.011 fresco y equilibrado y su buque insignia, el escaso La Comtesse 2.009, redondo en cuanto a
fruta, perfume floral y cuerpo. Ambos monovarietales de albariño que tanto en
joven como con crianza dejaron patente la calidad de esta bodega.
Perteneciente
a las Rías Baixas, la bodega Viña Nora ofreció sus dos monovarietales de
albariño, el Nora 2011 derrochando
estilo y calidad frutal y su
espectacular Nora da Neve 2.007, con
muy buena crianza, serio, glicérico e interminablemente largo en su elegante
final.
La sumiller de la casa, Yolanda Titos, se encargó de la presentación
de tres bodegas de la D.O. Rías Baixas: La rompedora bodega Paco y Lola, que
presentó el Paco y Lola 2.011 y el Paco y Lola Iwine, vinificado con nieve
carbónica y que presentaba una nariz muy original. Por parte de Albariño de
Fefiñanes, Yolanda presentó el vino homónimo de la bodega de la añada 2.011, con su buen paso sobre lías y
una atractiva nariz y el Albariño de
Fefiñanes 1.583 también de la
misma añada, mucho más complejo y floral derrochando viveza y longevidad. Por
último nos ofreció de la mano de bodega Bouza do Rei, el 2.011, donde destaca la amabilidad del vino al saber enmascarar su
acidez bajo deliciosos florales que lo hacen poco agresivo y muy asentado y el Bouza do Rei Gran selección, con un
enorme cuerpo, presencia elegante y largo recuerdo.
El
cineasta y viticultor Jose Luís Cuerda estuvo presente dando a probar su Sanclodio 2.011, dentro de la D.O.
Ribeiro. Un vino que tuvo ciertos despuntes de originalidad.
Bodegas Valtea de la D.O. Rías Baixas, Ricardo Alarcón presentó el Finca Garabato 2.010, del que sólo han
salido al mercado 9.000 botellas tras una crianza de un año sobre lías que lo
han dotado de una seriedad excepcional. No es de extrañar que se agoten las
existencias en Alicante en pocos días después de este evento.
Gonzalo
Cao, por parte de Pazo Baión, también de las Rías Baixas, nos ofreció su Pazo baión 2.011, que desde su precioso
diseño exterior hasta su enorme y elegante final derrochó a manos rotas calidad
y buen hacer.
Por
parte de bodegas Fillaboa, de la D.O. Rías Baixas, Darina Nemethova y Silvia
Guillén presentaron el Fillaboa 2.011,
chispeante en la entrada y serio y maduro en su centro y el Montealto 2.010, con una preciosa nariz
que delataba una crianza seria y perfeccionista.
Pablo
Buján, de bodegas Martín Códax de Rías Baixas, ofertó un extenso abanico de
vinos, 5 blancos y un tinto, que fueron desde el imprescindible Martín Códax 2.011, en su línea de no
defraudar al amante del albariño tradicional, pasando por el espectacular Burgans 2.011, siguiendo por el serio y
cálido Organistrum 2.010, para pasar
a un mítico Gallaecia 2.009
elaborado con uvas de vendimia tardía y parcialmente botríticas, que enamora al
más pintado, sin olvidar el Mara Martín
de la variedad Godello, dignísimamente representada en este vino, hasta
finalizar con un tinto infiltrado entre los gallegos desde la vecina D.O. Bierzo, monovarietal de Mencía,
el Cuatro Pasos, que ofrecía cuerpo
y frescura a partes iguales.
En
el stand de Pazo de Señorans, David Otero ofreció su joven
2.011 uno de los más varietales de la jornada en cuanto a franqueza
aromática, y el Selección de Añadas
2.005 que merecería un capítulo aparte. También ofreció a los más valientes
sus aguardientes de orujo y de hierbas, con doble destilación a fuego directo y
un año de reposo en botella.
Por
último y no por ello menos importante, Mar
de Frades ofrecía su mítico albariño, tanto en joven como su Quinta valiñas, ambos con su inconfundible botella que ha
marcado un hito en la iconografía del vino gallego.
Como
agradabilísima sorpresa los asistentes pudieron conocer de primera mano el que
quizá sea el único aceite de oliva elaborado en la comunidad Gallega, El Olei virgen extra, presentado por Roberto
Fernández y obra de María Estévez, cuya almazara se encuentra en la ourensana
Xinxo de Limia y que aprovecha el microclima especial del que goza aquella zona
para sorprender a propios y extraños con un aceite frutal y potente que poco
tiene que envidiar a sus hermanos de otras latitudes más benévolas para el
cultivo de los olivos de la variedad Brava.
Los quesos gallegos tuvieron su representación con el San Simón da Costa Catadoiro y el tetilla Artesan, ambos fieles exponentes de las delicias que podemos encontrar en tierras gallegas.
Esperemos
que no tengan que pasar muchos años para que se dé otra vez una alineación
estelar como la que se vivió el martes en el Gourmet Experience de Federico
Soto.
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viernes, 23 de marzo de 2012
VIÑEDOS CULTURALES DE BODEGAS BERNABE NAVARRO
YA TENEMOS OTRO HITO DE LA VITICULTURA EN ALICANTE
Con tan sólo 11 años de vida la bodega Bernabé y Navarro, con Rafael Bernabé a la cabeza, ha conseguido hacerse un hueco en la élite del panorama vitivinícola alicantino por méritos propios. Dejando en esta ocasión a un lado su gama Beryna, Casa Balaguer y el Selección o Curro, que le han supuesto el espaldarazo a nivel nacional (pocos entendidos no situarían al Beryna como uno de los mejores vinos de España en relación calidad-precio), Rafa nos presenta una línea distinta de vinos en cuanto a concepción y filosofía: Viñedos Culturales.
Viñedos Culturales hasta el momento está compuesta por 12 vinos en total: dos blancos, dos rosados, un tinto seco, otro dulce y una edición especial e indivisible, “Fusión y Los Cinco Elementos”, que consta de otros 6 tintos. Con este elevado número de referencias, queda patente que no le preocupa el quebradero de cabeza que supone hacer, embotellar y etiquetar producciones casi testimoniales de algunos vinos. También es verdad que eso mismo lo lleva haciendo desde el principio con su otra línea (de las 40 hectáreas de Finca Balaguer, se vinifican unas 70.000 botellas de la “línea Beryna”, cuando perfectamente se podrían producir 300.000).
Este proyecto se sostiene territorialmente en tres pilares, que no son otros que las tres zonas diferenciadas de donde obtiene su uva: Las Salinas de La Mata en Torrevieja, “Finca Usaldón” en Villena y la también Villenera “Casa Balaguer”. Cada finca a su vez se subdivide en diferentes pagos, con nombre y apellidos, donde se potencia la personalidad de cada zona según su orientación y la naturaleza del viñedo preexistente en el lugar, respetando las técnicas culturales que se han llevado a cabo allí durante siglos. De ahí habrá tomado nombre el proyecto.
En la presentación, Rafael dejó claro y patente su amor por el vino y la tradición, su inquietud por investigar y experimentar con diversas técnicas y elaboraciones, aprovechando también el evento para agradecer al excelente bodeguero y mejor persona, Pepe Mendoza, el que en su día le inoculase la pasión por la enología singular y le aconsejara establecerse en el territorio de Villena, del que a todas luces se ha convertido en gran amante y defensor.
Ya metidos en cata, El sumiller Germán Alguacil fue desvelando de manera magistral los secretos que escondía cada uno de los 12 vinos de la colección, siendo el encargado de dirigir el ejercicio que se celebró en la sala de catas del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Alicante, donde se llevó a cabo la presentación y posterior “picaeta”, maridada con algunos vinos de nueva creación de esta bodega, que muy pronto verán la luz.
Los vinos catados, de los que poco a poco iré publicando las notas de cata fueron: El Carro y La Viña de Simón en blancos, La Amistad y Musikanto en rosados, Los cipreses de Usaldón, Ramblís seco y Ramblís dulce en tintos, y la colección Elementos: Fusión, Tierra, Madera, Metal, Fuego y Agua.
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viernes, 16 de marzo de 2012
DESTILERÍAS SYS EN ELCHE (ALICANTE)
LA ESENCIA DEL MONTE EN UNA BOTELLA
Fruto de un ofrecimiento hecho durante la espectacular cata maridada con chocolate que se celebró en el restaurante la Nyora de Alicante, surgió una visita técnica a las destilerías SYS de Elche, cuna del archiconocido Cantueso Oro. Una vez allí, un escogido grupo de sumilleres, entre los que había varios miembros de las alicantinas asociaciones de sumilleres ASPA y ASECA, guiados por el gerente de la firma, Pepe Escobar y por Eli, su jefa de laboratorio, pudieron ver como se iban desvelando gran parte de los misterios que se esconden detrás de una profesión atávica, milenaria y siempre revestida de un cierto velo de misterio, como es la destilación de licores de plantas y hierbas medicinales.
La empresa tiene sus orígenes en la alicantina Monforte del Cid, que desde siempre se ha conocido por sus destilerías (de hecho hay un licor con denominación de origen protegida llamado Anís Paloma de Monforte del Cid). El tatarabuelo de Pepe fundó una destilería de anisados en Argelia para abastecer las colonias francesas de su tradicional pastís. Tras la independencia, la familia Salas vuelve a Monforte y continúa con sus actividades licoreras hasta que a mediados del siglo pasado se establecen en Elche bajo el nombre de Sirvent y Salas (SYS). Como curiosidad, destacar que la patente de la marca “Cantueso Oro” la compran a los herederos del destilador Cremona Alfonso, fallecido durante la guerra civil.
Volviendo al presente, SYS tiene un amplísimo catálogo de productos que abarca alrededor de 50 bebidas, donde conviven desde las más tradicionales como son las Espirituosas Tradicionales de Alicante (de cuyo consejo regulador es presidente Pepe), a las más innovadoras, como son los vodkas saborizados, rones y tequilas al gusto actual. Incluso se atreven con algún vino rancio con un resultado más que aceptable.
De la visita a las instalaciones, llama la atención el sistema informatizado que permite realizar cualquier labor de la destilería desde un teclado de ordenador, y que fue pionero en su campo, ya que se instaló en los años 90. La teoría de la licorera es simple: Hay que obtener y combinar alcoholatos (alcoholes que por destilación han adquirido el aroma y la esencia de hierbas o frutas), agua osmotizada y azúcar invertido, obteniéndose cada uno de estos tres componentes en una sección distinta de la instalación. Una vez combinados, se homogenizan y como en el caso de los cantuesos, brandis, rones, tequilas y otros, se envejecen en barrica. En la práctica esta labor requiere una mayor carga de investigación, ensayo y maestría para lograr productos con el reconocimiento internacional que tienen los que salen de esta empresa.
Es muy curioso el alambique para destilar hierbas, compuesto por tres secciones. En la primera se calienta una mezcla de agua y alcohol, que sube en forma de vapor y pasa a una segunda zona donde asciende a través de las hierbas y les roba su esencia, para terminar pasando a una tercera zona de condensación, donde se enfría y obtenemos el alcoholato con todos los aromas de las hierbas. Por descontado que el maestro destilador tiene que hilar muy fino con los tiempos y las temperaturas para obtener un producto de calidad.
En la sala de catas pudimos probar los distintos cantuesos que elaboran, tanto los destilados como los macerados y por supuesto sus dos Oro, uno envejecido tres años en barrica de roble y el reserva, durante 10 años. Los licores tradicionales los acabamos con un herbero elaborado con 25 plantas diferentes, que se convertía en todo un paseo por la montaña alicantina con sólo meter la nariz en la copa.
También se realizó una cata vertical de su licor de dátil, que ha ido evolucionando con las sucesivas “añadas”, hasta convertirse en un producto elegante, serio y con mucha tipicidad.
Pudimos llevar a cabo una interesantísima cata de alcoholes a 96º de pureza alcohólica, pudiendo distinguir tanto de manera olfativa como gustativa cuál era su origen:
- De melazas de remolacha, bastante neutro, basto y falta de elegancia.
- De caña, muy característico, dando notas vegetales y un cierto recuerdo a humedad y algas de río que les son característicos.
- De cereal, elegante, claro en nariz, muy franco en cuanto a aromas y pureza en boca. Sin duda el de más calidad.
- De agave azul, un capricho para la nariz, inconfundible en sus notas ahumadas y aromas característicos de la piña mejicana.
La cata finalizó con dos vinos añejos y una crema de chocolate puro que deja a la altura del betún a muchos licores de fama internacional, por su franqueza, textura y potencia de sabor.
Al margen de los destilados, tuvimos la ocasión de ver la gama de productos que oferta la Asociación para el Desarrollo Rural del Campo de Elche (ADR), a la que pertenece SYS y que abarca desde conservas a panadería, vinos y precocinados tradicionales como son las famosas pipes y carasses o el capellán asado.
En resumen fue una jornada fructífera en cuanto a conocimientos y experiencias sensoriales (la cata de alcoholes fue impresionante) y un privilegio poder robar varias horas de su valioso tiempo y monopolizar la atención de estos dos grandes profesionales del sector licorero de nuestra provincia, que si ya durante generaciones han hecho famosas las bebidas alicantinas, en un futuro próximo sin duda alguna las ensalzarán al lugar que les corresponde, a base de investigación, originalidad y materias de calidad.
fotos: Rubén Estapé y Germán Alguacil
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lunes, 19 de diciembre de 2011
BODEGAS CELLER DEL ROURE
En el municipio Valenciano de Moixent , ya dentro de la comarca dels Alforins y más concretamente en el paraje de Les Alcusses, se enclava esta bodega que pese a su reducido tamaño y la juventud del viñedo que gestiona, está dando mucho que hablar en cuanto a la calidad de sus vinos y al carácter perfeccionista de sus responsables. El enólogo jefe, Pablo Calatayud, pertenece al grupo de los “tres tenores del vino valenciano”, sobrenombre con que se conoce a la terna formada por éste, Pepe Mendoza y Toni Sarrió, verdaderos enamorados de la viticultura y del terruño, que se han erigido por derecho propio en punta de lanza del sector vinatero en cuanto a innovación y a su vez recuperación de métodos tradicionales. También se basan ampliamente en las teorías de la agricultura biodinámica para imprimirle calidad y personalidad a sus vinos “de pago”.
La bodega, de reciente fundación (su primer vino salió al mercado en el 2.000), está diseminada por distintas propiedades y fincas, a la espera de que soplen mejores vientos y se reunifique todo en un solo complejo alrededor de la “Bodega Fonda”, último hallazgo de Pablo, en el que también participa activamente su padre Don Paco Calatayud. Están recuperando y poniendo nuevamente en funcionamiento una antigua bodega subterránea del siglo XVII, compuesta por más de 40 tinajas de barro soterradas, donde se están llevando a cabo experiencias con la maduración del vino en barro, como sustitutivo de la barrica.
Resaltar que basado en esta experiencia, ya han sacado al mercado un vino blanco que ha pasado por las tinajas: el Cullerot. También se está comprobando el nivel de intercambio de oxígeno (aunque leve, existe microoxigenación) y los resultados que ofrece el hecho de fermentar y criar el vino tinto en las tinajas. La filosofía que guía esta experiencia es bonita y no está exenta de una lógica tan sencilla como aplastante: Se trabaja mucho y muy duro en la viña para obtener un vino que ofrezca sus mejores características aromáticas y organolépticas. No se está por la labor de enmascararlas con los tostados y las transferencias sápidas y aromáticas que aporta la barrica al resultado final.
Esta teoría pretende romper la costumbre que se impuso hace algo más de un siglo, cuando en la Rioja se establecieron los métodos de los bodegueros franceses debido a la aparición de la filoxera en el país vecino. Es de justicia recordar que antes de esto, durante milenios se ha curado y conservado el vino español en recipientes de barro, ya sean tinajas de fermentación y crianza o ánforas de transporte. La idea choca de lleno con el paladar y la nariz que todo consumidor actual de vino tiene en sus registros. El tiempo dirá si se trata de un capricho localizado y pasajero o del renacimiento de una nueva era vinícola.
De entre las variedades que se cultivan en el Celler del Roure, llama la atención una casta desconocida que gracias a los Calatayud vuelve a tener su oportunidad, reentrando en el mundo de los vivos por la puerta grande: hablamos de la variedad Mandó, que forma parte mayoritaria del coupage de su famoso Maduresa.
Se arrendó una pequeña finca con la variedad mandó y se comenzó a clonar hasta conseguir tener en sus tierras unas 20.000 cepas que, perfectamente trabajadas, no presentan los inconvenientes principales que la abocaron a su desaparición: Por un lado la mandó se desgrana al vendimiarla, cayendo al suelo casi la mitad de la uva, con la pérdida de fruta y dinero que esto supone. Por otro lado presenta un racimo muy compacto y apretado, que ocasiona una maduración desigual de las uvas del interior con respecto a las expuestas al sol y al calor del exterior.
Estos dos inconvenientes ya no se dan en la “nueva” mandó: Se controla casi al segundo el día y la hora a la que se debe vendimiar, evitando así que se desgrane (se ha rebajado el porcentaje de uva perdida a un 5%) y se ha descargado el racimo de granos, deshojando parcialmente la planta en el momento de la floración, con lo que la uva está más suelta y puede madurar de forma homogénea. Como dicen en la bodega, esta variedad es su buque insignia y su elemento diferenciador con respecto al resto del mercado. Gracias a ellos se ha recuperado una casta condenada al olvido y a la desaparición. El año pasado la D.O. Valencia la incluyó en su reglamento como variedad autorizada.
Al recorrer la bodega se observa una división física total entre sus dos vinos tintos: Les Alcusses y el Maduresa. Cada cual se vinifica en una zona distinta, no compartiendo ni siquiera mesa de selección o tipo de depósito. Les Alcusses se elabora algo más “mecanizado” que el Maduresa, donde el control personal y el toque casi artesano es patente desde que la uva llega del campo.
La vendimia de las parcelas se hace en tres “triajes” consecutivos con una semana de intervalo entre uno y otro: se hacen tres pasadas, en las que sólo se recoge la uva que está realmente madura en ese momento. Esto es un lujo que por supuesto repercute en el precio del vino, pero que el amante de las cosas bien hechas está dispuesto a asumir. La uva pasa 24 horas en cámara de frío para después comenzar a ser vinificada. Destacar que las plantas destinadas a Les Alcusses producen de media unos 3 kilos de uva por cepa, algo ridículo hablando de cepas nuevas, lo que indica la tendencia elitista de la bodega. Esta tendencia se extrema en el caso de la uva destinada al Maduresa, donde el rendimiento es de 1,5 kilos por cepa. Tampoco se prensa la pasta todo lo que se pudiera, para aumentar así la calidad, con lo que de cada kilo de uva no consiguen siquiera el suficiente líquido para llenar una botella de tres cuartos. Sobran las palabras.
Como curiosidad, se pudo ver en la sala de catas un tercer vino tinto que sale al mercado este mismo mes de diciembre: el “Setze Gallets”, que hace referencia a las antiguas monedas de céntimo (de cuando había pesetas, claro) y que traducido al castellano viene a ser una forma coloquial de decir que alguien no tiene ni una perra gorda. Es un vino que se mueve en una gama distinta de la de los otros, que sale en una presentación “original” dentro de un brick de 75 cl., siendo un pack indivisible de 4 bricks, con un diseño muy actual y minimalista (muy Ikea todo él). Saldrá al mercado a un precio de “setze” (16) euros el pack y será una forma innovadora de comprar el vino en las grandes superficies. Un vino que para nada se quiere asimilar a los otros que poseen y que de esta manera tan gráfica ha quedado diferenciado desde su concepción, aprovechando además la gran cantidad de uva de cepas nuevas que tiene la propiedad y que no puede ni debe ir (en mi opinión) a sus marcas fuertes. Esperaremos resultados, pero le auguramos tan buena cuota de mercado en el extranjero, como “pinchazo” en nuestro país, si de verdad pretenden vender cuatro cartones de vino a 16 euros. Supongo que todo estará más que estudiado.
Para terminar quiero hacer mención a la personalidad arrolladora de Don Paco Calatayud, quien tuvo la paciencia de resistir el atraco de nuestra visita “sorpresa” con una infinita paciencia y que dejó patente su amor por el vino y el proyecto que comparte con su hijo. Durante más de tres horas nos obsequió con muestras de sus conocimientos en enología y viticultura (aunque él lo niegue con modestia) y se convirtió en un cicerón de lujo que nos adentró en la forma de ver el vino que tiene esta familia y que pretenden transmitir en cada botella que sale de allí. Doy fe de que lo logró, dándole vigor una vez más a mi, no por manida menos cierta afirmación de que, detrás de un gran vino suele haber grandes personas, con un amor a la naturaleza y una dedicación hacia lo suyo fuera de lo normal. En esta ocasión se volvió a cumplir la premisa.
Como broche, reproduzco literalmente algunas frases de Don Francisco que fui anotando a lo largo de la conversación y que por sí solas ya suponen una lección magistral sobre la vida:
“La única ventaja que tiene hacer las cosas a la manera actual, es que es menos trabajoso y más barato, pero no mejor”.
“Si no lo hacemos mejor, es porque no sabemos. Por ganas no queda”.
“Estamos abiertos al cambio, pero siempre probando que realmente aporta algo y experimentando si en nuestro terruño o en nuestro producto funciona”.
“Sabemos que hay gente que quiere pagar por lo auténtico y queremos que queden satisfechos”.
“Si quieres saber cómo está el vino, no lo desvirtúes con la madera”.
“Si puedes conservar el vino en barro, respetas todo el trabajo del campo y la riqueza de la uva”.
Termino con una frase ganadera, extrapolable a la viña y a la vida en general: “La vaca para ser perfecta debe cumplir todos los requisitos morfológicos, pero además debe tener algo que la distingue del resto y que es muy difícil de encontrar: CARÁCTER LECHERO”. Ellos desde luego, tienen “carácter vinatero”.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
BODEGAS ALONSO DEL YERRO EN EL CORTE INGLÉS DE ALICANTE
ASECA EN LA CATA DE ALONSO DEL YERRO
En la tarde del 29 de noviembre se llevó a cabo en el Corte Inglés de Alicante la presentación de los vinos de la bodega Alonso del Yerro, patrocinada por comercial Anforae e impecablemente organizada por el presidente de ASECA y responsable del centro, Javier Aparicio, quien junto al sumiller de la casa Germán Alguacil Varona, también miembro de la asociación, hizo posible que los asociados tuviéramos la ocasión de conocer tanto los vinos de esta singular bodega, como a las personas que los han hecho posible.
El periodista y experto mundial Juancho Asenjo fue el encargado de conducir la presentación y posterior cata, siendo presentado por el matrimonio fundador de la bodega, María del Yerro y Javier Alonso, los cuales hicieron patente su filosofía y su forma de ver y sentir el vino. Recordaron cómo fueron los comienzos del proyecto, allá por el 2.002, cuando decidieron abandonar sus respectivas carreras profesionales e imbuirse de lleno en la viticultura, buscando de este modo una forma de transmitir un legado, que serán sus hijos los encargados de perpetuar.
Eligieron una zona de la Ribera del Duero y en palabras de Juancho, supieron hacer las cosas bien, al empezar la bodega por el campo, empleando la primera parte del tiempo a regenerar la tierra de las 26 hectáreas que poseen, que por aquel entonces contaba con viñas de 15 años de edad. Se recuperó la tierra, que en aquella D.O. suele estar bastante quemada por el empleo indiscriminado de fitosanitarios y productos de síntesis. Estos últimos habían eliminado casi por completo la microfauna y flora del suelo, que es lo que realmente supone un valor añadido al terruño y marca la diferencia. Para su proyecto contaron con el asesoramiento de los franceses Claude Bourguignon y Stéphane Derenoncourt, quienes pusieron en práctica su filosofía de obtener de cada parcela un vino que refleje el suelo de donde procede.
Los propietarios dejaron patente el carácter familiar de la bodega, con detalles como el poner a las fincas y pagos el nombre de sus hijos o el de tener los depósitos también personalizados con nombres de personas cercanas en vez de números. La marca en sí refleja también los apellidos de los hijos, e incluso el vino de Toro debe su marca al logotipo que hizo de su nombre el menor de sus hijos, cuando tenía 8 años. Estos detalles separan un vino meramente comercial de un proyecto con alma y trasfondo. Esto es de agradecer por quién busca en su copa algo más que lo que se puede percibir físicamente.
Ya metidos en aspectos técnicos, el viñedo se encuentra a una altitud de entre 600 y 900 metros, lo que ayuda a que la uva madure más lentamente que en cotas bajas, teniendo las viñas destinadas al “Alonso” un rendimiento de unos 30-35 hl. Por ha. y las del “María” unos 28-30 hl./ha. Los suelos cuentan con gravas, arcillas y calizas, siendo bastante profundos y contando con un marco de plantación de unas 4.000 ó 4.500 plantas por ha. , todo ello conducido en espaldera.
En cuanto a la vinificación, la máxima es: “Que la bodega no destruya todo lo que has trabajado en el campo”. Se realizan fermentaciones respetuosas, a baja temperatura y prolongadas en el tiempo, empleando crianzas donde no predomine la madera sobre la fruta, dándole para ello poca barrica nueva, a excepción del “María” que lleva un porcentaje mayor. Sus vinos están hechos para durar en el tiempo un mínimo de 8 ó 10 años para poder disfrutar con su evolución y si un año no hay uva de calidad, el “María” no sale al mercado.
Respecto a su incursión en Toro, la finca de 12 ha. adquirida en 2.007, cuenta con viñas en vaso de hasta 80 años de edad, estando situada en una zona donde el ciclo vegetativo de la vid es bastante corto. Tiene un exiguo marco de plantación de unas 910 viñas por hectárea y un rendimiento también bajo, de unos 2,5 kilos por cepa. Su vino se fermenta en tina y lo hace a muy baja temperatura, para huir de los tonos animales tan propios de la variedad cuando se vinifica con prisas. Pasa 15 meses de crianza en barrica antes de ser embotellado.
Como colofón a la cata de cada uno de los vinos, cercana y participativa, donde los asociados pudieron plantear libremente todas sus cuestiones y “exprimir” la sabiduría de Juancho, fueron obsequiados con un aperitivo con el que maridar estos excelentes vinos.
NOTAS DE CATA
ALONSO DEL YERRO 2.009
En vista se presenta rojo picota muy cubierto de capa y con un ribete estrecho y azulado. Lágrima muy abundante y ligeramente coloreada.
En nariz sentimos un primer contacto de fruta del bosque ligeramente acídula (grosellas, moras y arándanos) que da paso a un clavo muy marcado combinado con balsámicos y anisados (barra de regaliz negra). Un ligero toque pizarroso nos recuerda al terruño, entremezclado con los tostados de la crianza.
Reposado el vino tras 10 minutos en copa, la nariz no cambia demasiado, manteniendo los frutos azules y añadiendo solamente unas notas a laurel y monte bajo (tomillo, jara) que no aprecian al servirlo. La fruta mantiene ocultas unas especias que intentan salir pero todavía no se manifiestan.
En boca tiene una entrada muy fresca y algo golosa; amable. El paso es denso y da peso en boca, pero al instante un tanino fuerte se apodera y ofrece bastante astringencia “en punta de boca” desde el primer instante. En el centro tenemos la misma fruta acídula con un ligero toque licoroso y unas elegantes notas florales por retronasal (rosa). El final nos trae un posgusto bastante largo, donde la fruta parece cambiar y ofrece una cara más madura y amable, que se combina a la perfección con unos amargores finales bastante marcados.
En conclusión nos vemos ante un vino potente y pidiendo tiempo y botella, aunque ya deja ver una gran estructura, que si no hay contratiempos, derivará en un conjunto bastante equilibrado y elegante. La añada también le ayudará a ser grande.
ALONSO DEL YERRO 2.008
En vista se presenta rojo guinda con un ribete picota bastante estrecho, teniendo una capa media-alta. Lágrima abundante y gruesa.
En nariz tenemos una primera oleada de fruta roja no demasiado madura, seguida de una combinación de especias de la crianza (pimienta negra, mucho cacao y algo de regaliz). Alguna nota terrosa redondea la nariz, sin que aparezcan tonos olfativos amaderados.
Reposado y ya abierto el vino tras 10 minutos en copa, la nariz cambia por completo y se apoderan de ella unos tofees, cacaos y torrefactos bastante marcados. Por encima se distinguen notas de clavo de olor y algo de canela.
En boca tiene una entrada seca y bastante fresca en cuanto a acidez, con un paso fluido y con un leve “agarre” por los taninos en punta de boca. El centro, a diferencia de la nariz, da fruta roja bastante madura, sin empalagar, arrojando por retronasal flores azules (lirio, violeta) y corteza de naranja. El alcohol no despunta del conjunto y la madera sigue dando sólo sus notas especiadas más interesantes sin apoderarse del conjunto.
Catado a los 10 minutos, la boca se templa, la fruta se vuelve algo más madura y se deja envolver por las especias de la madera.
El final de boca es medio en cuanto a duración, con un buen equilibrio entre hollejo maduro, amargos finales y leves recuerdos ahumados.
Resumen: Potencia, cuerpo, elegancia y comienzo de equilibrio.
MARÍA ALONSO DEL YERRO 2.009
En vista se presenta rojo picota, negruzco, muy cubierto de capa y con un estrecho ribete amoratado. Se ve algo opaco y falto de brillo debido a la gran materia colorante disuelta en suspensión, sin que esto llegue a ser un defecto, sino más bien un síntoma de buena extracción y juventud. Lágrima gruesa y muy abundante, con bastante color.
En nariz vemos un equilibrio complejo entre fruta negra muy madura (ciruelas, arándanos) y mineralidad (terracota mojada y grafito). Cuesta discernirlos del conjunto pero al minuto se disocian un poco para volver a entremezclarse con notas de pimienta negra, café y cacaos. Me sorprende agradablemente esta nariz cambiante que trae las sensaciones en oleadas alternas.
Al dejar la copa reposar unos 10 minutos. Los minerales se intensifican y aparecen unas ligeras notas lácticas entremezcladas con los tostados (caramelo werther). Una ligera nota alcohólica que despuntaba levemente al principio se apacigua y comienzan a aflorar notas de monte bajo (orégano, pebrella) y tierra mojada.
En boca presenta una entrada bastante fresca y amable. El paso es denso y amplio, casi abierto en cuña. El vino pesa en la boca y se muestra sedoso en su paso hasta llegar al centro, donde se distinguen frutas en licor bastante maduras, tostados y especias por retronasal (nuez moscada y clavo). El final es largo y equilibrado, no despuntando ni amargores ni notas licorosas, pero nos aparece bruscamente esa lógica astringencia que debe tener, propia de su juventud y extracción y que extrañamente no se presentaba “en punta”. Ha esperado al final para manifestarse, denotando que proviene de taninos de fruta madura y madera con buenos tostados.
En resumen tenemos un futuro gran vino que cumple todos los requisitos para situarse entre los grandes tempranillos de la Ribera del Duero. Si continúa la trayectoria evolutiva que lleva, en 3 ó 4 años podremos empezar a disfrutar del equilibrio perfecto. Estructura, potencia y elegancia no le faltan. Paciencia y botella.
PAYDOS 2.008
En vista se presenta negro azulado, con una capa altísima y muy cubierto. El ribete es muy fino y con tonos rubís. Esta ausencia de azules en el ribete llama la atención, dada la variedad y la añada. Limpio y brillante, con lágrima gruesa y espesa, de caída lenta que tinta la copa.
En nariz la fruta roja madura que presenta se ve literalmente sumergida bajo notas de tinta china, tierra mojada y humo. Recuerda al licor de cassis y a la grosella negra. La madera, a excepción de los empireumáticos propios del tostado, no se aprecia en el conjunto olfativo.
Al dejar la copa reposar unos 10 minutos. Aparece pimienta, terracota y grafito. Se vislumbra fruta sobremadura pero sin notas de pasificación (se adivina acidez en su fruta). Sigue habiendo muy poca madera y mucho hinojo. Se distingue un leve toque de cuero limpio.
En boca tiene una entrada bastante fresca y seca, ligeramente cortante. El paso es glicérico y ampuloso, entrando en cuña y abriéndose paso “a empujones” hacia el centro, aunque todavía se agarra un poco a la encía por su contenido tánico. Ya en el centro de boca, se presenta muy frutal y ligeramente ahumado, ofreciendo notas florales de lirio y violeta por retronasal. Un ligero despunte alcohólico se vislumbra a medida que el vino se atempera en la copa, recordando a un licor de guindas aguardentoso. El final es muy largo, manteniendo un recuerdo muy agradable donde ya no hay amargores ni sensación alcohólica, sino que tiene la habilidad de dejarnos con el recuerdo a fruta madura y hollejo sano.
En conclusión nos encontramos ante un digno representante de los toros de calidad, donde los elaboradores, que tienen la fruta y la madurez aseguradas, buscan ese toque de elegancia y sutileza que desbrave un poco a la fiera, resaltando sus matices más ocultos y lo diferencie de los que están trabajados mas burdamente. En un par de años, si no aparecen los temidos aromas animales, sin duda tendremos un vino de Toro que nos hará pasar muy buenos momentos.
Etiquetas:
BODEGAS
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