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sábado, 1 de diciembre de 2012

PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN PALMAS DE TÍO PEPE EN ALICANTE



¿Qué mejor lugar para la presentación que un espacio llamado "Tiza y Flor"?

          Si hace un par de años tuve la suerte de disfrutar de la sabiduría de Antonio Flores en su cata “Del mosto al VORS”, donde este veterano enólogo nos desvelaba los secretos de la evolución que sufre un vino fino, en concreto el Tío Pepe, hasta llegar a la senectud de un VORS, el pasado 28 de noviembre pude disfrutar de lo que podría definirse no como una continuación, pero si como una versión VIP de aquella mítica cata.


          Juanma Terceño fue esta vez el encargado de presentar estas pequeñas obras de arte de la enología jerezana y tras una breve presentación de las bodegas González Byass  y sus vinos, llegó el momento de liberar el frasco de las esencias (nunca mejor dicho) y gozar de una experiencia que a los enamorados del vino de jerez no les puede parecer otra cosa que el puro y verdadero goce de una parcelita del paraíso.


          El proceso de creación de estos vinos, sin entrar en demasiados conceptos técnicos (si se quieren, recomiendo el post de Eduardo Sanz en Verema.com ), comienza   a partir de ciertas botas de un vino fino Tío Pepe, que cuando ya ha alcanzado su plenitud o momento de saca, llama la atención del capataz de la bodega por la finura y calidad de sus aromas y sabores, siendo “indultado” y pasando entonces a formar las criaderas del futuro fino amontillado y del mas futuro amontillado VORS en el momento en que pasen 40 añitos de nada. Por tanto los palmas tienen una edad mínima que ronda entre los 6 años del 1 palma hasta los 40 años del 4 palmas. Los vinos catados en esta ocasión se embotellaron el pasado 18 de octubre en unas cantidades tan exiguas que no pueden ser otra cosa que testimoniales. En esta ocasión viene que ni pintado el viejo refrán manchego: “como te descuides se te va el vino en catas”. De hecho ya es difícil encontrar alguna botella en el mercado a un mes escaso de su lanzamiento.


NOTAS DE CATA

Fino Una Palma

Vista. Amarillo dorado con reflejos oro, ligeramente más subido de color que el fino Tío Pepe convencional, ya que no se ha filtrado ni clarificado en demasía.
Nariz. Enormemente intensa, salina, potente, iodada con muchísima flor de levadura y notas de hinojo y hierba luisa. Conforme se oxigena  va evolucionando y ofrece almendrados y leves toques ahumados y maderosos.
Boca. Entrada seca con un paso potente y expansivo que no deja de abrirse y pedir espacio en la boca. El centro está dominado por la almendra amarga, la aceituna y la sensación salina, expresando una acidez muy larga. El final es interminable y en él aparecen además ciertas notas que algunos de los presentes identificamos como indicativas de mineralidad (talco, yeso). La acidez sigue ahí y te hace salivar durante minutos.
Conclusión. Después de este vino, y mientras me dure su recuerdo en la memoria olfativa y gustativa, no volveré a disfrutar con una copa de fino o manzanilla “estándar”. Es la parte negativa de catar leyendas y subir tanto el listón.


Fino Dos Palmas

Vista. Amarillo oro subido con ciertos destellos de oro viejo.
Nariz. Se sigue notando claramente la crianza biológica, pero esa flor ya es más sutil y comienzan a apuntar los acetaldehídos y las maderas que ya nos hablan de la oxidación que sucede a una muerte gradual y lógica del velo de levaduras. Al oxigenar se acrecienta algo la sensación biológica y mucho la vegetalidad. Se detecta alguna nota cítrica.
Boca. Entrada seca pero no secante como el anterior, con un paso mucho más lineal y fluido. El centro se presenta equilibrado entre las maderas y los frutos secos, sin que tome partido por ninguna de ellas. El final también es muy largo y con una intensidad mediana y comedida.
Conclusión. En comparación con el vino anterior, se presenta menos intenso, algo más apaciguado y en mi opinión navega entre dos aguas sin definirse ni llegarme a emocionar.


Fino tres Palmas

Vista. Amarillo oro con reflejos cobrizos.
Nariz. Ya cuesta discernir la flor de levadura y se apoderan de ella los aromas maduros y elegantes tanto de los frutos secos tostados como de  la madera de cedro, el sándalo y la cera de abeja (comienza a tomar tonos canónicos).
Boca. Entrada seca y todavía algo fresca con un paso envolvente y aterciopelado que sin embargo se mantiene algo fluido y bastante iodado. En el centro de boca se expresa de forma expansiva, multiplicando por diez las sensaciones de elegancia que demostraba en nariz. El final es casi eterno y muy cambiante, pasando en forma de oleadas, de los amargores a las lacas, de las maderas nobles a los perfumes e inciensos… y vuelta a empezar.
Conclusión. El último escalón de un fino viejo de calidad antes de doblar la testuz y pasar al reino de los amontillados. El último reducto de resistencia de la flor, elevada a los altares (o más bien a la sacristía) por las notas oxidativas.


Fino Cuatro Palmas

Vista. Caoba clara con un tono claramente verdoso aceitunado. Destellos cobrizos profundos.
Nariz. Senectud y armonía. Un amontillado de libro donde las maderas enceradas, las lacas, la carga alcohólica, el azúcar quemado y los ahumados se combinan de manera envolvente y elegante, dando una nariz eterna y perfumada, capaz de perdurar durante horas, incluso tras quedar la copa vacía.
Boca. Entrada muy seca, potente y con una acidez todavía patente. El paso es fluido y nos recuerda que un día fue fino y adelgazó el glicerol hasta lo inimaginable en otros vinos de su estilo. El centro potente hasta el exceso, grande y con cierta sensación secante y astringente en el final, que se presenta mucho más allá de largo y rodeado de la elegancia que sólo más de 40 años pueden otorgar a un vino.
Conclusión. Cambia el concepto de vino pero no la grandeza. El vino es eterno en el recuerdo, pero sutil en el cuerpo. Obligado de probar al menos una vez, para llegar a comprender algo mejor la magia del marco de jerez.



          Como colofón se presentó un tinto dulce de la variedad Tintilla de Rota, de producción limitada y sabor agradable, aunque sinceramente no pasó de ahí. Fue un detalle traer un vino tan escaso. Hay que reconocer que someter a cata un tinto dulce en pleno feudo de la monastrell, no deja de ser un acto de valentía. 


           Agradecer la ocasión de contar con estos vinos en Alicante a Pedro Ruiz Belda, que logró traer a Juanma y sus joyas a la enoteca Tiza y Flor y dio la ocasión a los alicantinos de poder gozar del paraíso jerezano sin moverse de la “terreta”.



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domingo, 14 de octubre de 2012

CATA VERTICAL CESILIA ROSÉ DE BODEGAS HERETAT DE CESILIA




                Realizar la cata vertical de un rosado puede parecer a priori un despropósito, ya que la misma concepción del vino en sí lo predetermina a un consumo inmediato o como mucho circunscrito a la aparición en el mercado de la siguiente añada. Quizá por conocer de primera mano tanto al vino como a su creador Sebastien Boudón y pese a desoír sus propias sugerencias de “consumo preferente”, se organizó esta cata del vino de la bodega Heretat de Cesilia (Novelda. Alicante), el CESILIA ROSÉ, contando con las añadas desde el 2.006 al 2.011, donde descubrimos la vida que puede tener por delante un rosado elaborado al método francés (maceraciones cortas y prensado en frío y fermentación del 50% del vino en barrica de roble).


                Tenía poca esperanza en las primeras añadas, quizá influenciados por ese concepto hispánico del vino rosado, pero sin embargo esta experiencia nos hizo “resetear” nuestro disco duro y entender que en este peculiar tipo de vinificación, la añada cuenta pero no para peor, sino para aportar muchísimas virtudes a un vino que en teoría no debería durar vivo más de dos o tres años.

                Tras una observación global de los vinos, lo primero que llama la atención es la variedad de colores y tonalidades que adquieren éstos con el tiempo y la diferencia existente entre una añada y otra, que en absoluto sigue una degradación de color y tono lógica y uniforme, sino que, como veremos a continuación, demuestran que gozan de vida propia, por lo que cada uno ha evolucionado a su modo sin que el tiempo y la añada hayan condicionado su gradación cromática y aromática.                La segunda sorpresa viene a la hora de catar las primeras añadas y comprobar no sólo su vitalidad, sino la calidad y “noble senectud” que demuestran las más antiguas y que nos hicieron puntuar mucho mejor las primeras con relación a las muestras más actuales.


                La opinión general, una vez finalizada la cata, fue la de encontrarse con un vino rosado atípico, elaborado “a la francesa” que nos demuestra en copa un potencial de sabor y delicada potencia, que gana mucho con los años y nos ofrece unas notas de evolución positiva, que van mucho más allá de un rosado temporal y efímero al estilo de sus coetáneos y paisanos. Veamos con un poco de detenimiento las distintas añadas catadas y sus particularidades:

 CESILIA ROSÉ 2.006
90% Merlot y 10% Sirah. 13º alc.
VISTA. Color piel de cebolla muy ajado y evolucionado. Limpio y brillante
NARIZ. Ausencia de notas reductivas o “cárnicas” como se podría esperar en un rosado con 6 años. Predominio de notas lácticas (nata, mantequilla), que inmediatamente viran a ligeros acetaldehídos (laca y quitaesmalte). Reseñar que todo ello dentro de  una contención aromática agradable, que se combina con alguna nota floral (jazmín, azucena) y bastantes notas dulces (crema pastelera y vainilla).
BOCA. Entrada sorprendentemente viva, exultante de acidez, con claras notas de ciruela madura y flores azules (lilas). El centro se corresponde en retronasal a las notas que da en nariz demostrando una gran franqueza, teniendo un final acídulo y vivo, no exento de esas notas a mantequilla que combinan a la perfección para ofrecer un posgusto largo y agradable.

CESILIA ROSÉ 2.007
40% Merlot y 60% Monastrell. 12,5º alc.
VISTA. Color rojo fresa madura, muy entero y potente de tono, muy por encima en cuanto a tono y capa al 2.006. Limpio y brillante.
NARIZ. Ciertas notas reductivas (ligeras lacas), que al instante dan paso a unas elegantísimas notas a madera limpia, vainilla y mantequilla (whiskilactonas). Resumiendo se puede destacar la agradable nariz con la primera y única referencia a la crianza en madera que va a aparecer en toda la cata. Al dejar oxigenar la copa, aparecen notas florales a jazmín y ciertos tonos de licor de leche.
BOCA. Entrada ligeramente golosa, algo más que amble, dando paso a un centro que da la sensación de oquedad tras lo atractivo de la nariz. El final d evoca es largo, basado en un posgusto donde predominan los amargores no demasiado subidos que dotan al conjunto de cierta elegancia y equilibran la “pastelosidad” vivida en nariz y boca.


(La añada 2.008 no se pudo conseguir ni siquiera en bodega, por lo que desde aquí hacemos un llamamiento a un buen samaritano que conserve alguna botella y la quiera donar a la ciencia para redondear y completar esta cata retrospectiva, contactando con el número que aparece en pantalla).


CESILIA ROSÉ 2.009
85% Merlot y 15% Monastrell. 13º alc.
VISTA. Color naranja muy evolucionado, entre el zanahoria claro y el azafrán oscuro, muy desvaído de capa, ligeramente acuoso y virando a salmón. Algo falto de brillo, pero limpio y sin partículas en suspensión.
NARIZ. Acusadas notas reductivas (más bien tufos), dando inequívocas notas metálicas (lata de cerveza), que sin embargo pasan a ofrecer una fruta que no se había vislumbrado en las añadas anteriores (ciruela y jínjol). Una vez reposa, se apodera de la nariz un aroma a rosa marchita y a esparto muy acusado.
BOCA. La entrada es muy liviana en cuanto a sensaciones sápidas, ligeramente ácida, demostrando bastante vida por delante, aunque no se por qué ni para qué. En el centro se ve de manera clara que falta fruta y sobra algo de sensación alcohólica y potencia salina. El posgusto es corto con recuerdos “vinosos” y ligeramente herbáceos.

CESILIA ROSÉ 2.010
85% Merlot y 15% Monastrell. 13º alc.
VISTA. Color salmón subido virando a madera de cerezo, con bastante intensidad de color, pero a su vez con unas tonalidades ligeramente teja y oxidadas en el centro de la copa. Mantiene el brillo y la limpidez.
NARIZ. Destacan otra vez las notas lácteas, pero son rápidamente enmascaradas por aromas de frutos  del bosque azul (grosella, arándanos y moras) que ofrecen su vertiente más acídula y perfumada a la nariz de este vino.
BOCA. La entrada es muy viva y potente en cuanto a sensaciones vivas y acídulas, teniendo un paso glicérico y algo corpulento que va a desembocar en un centro de boca con predominio de las sensaciones vegetales y herbáceas, muy dotado de potencia alcohólica y con la suficiente carga de acidez para dar paso a un final bastante largo y acídulo, donde destaca la piel de ciruela, el hollejo verde y un lejano recuerdo a mora verde.

CESILIA ROSÉ 2.011
Merlot, Monastrell y Syrah. 12,5º alc.
VISTA. Color fresa oscuro virando a cereza vivo, derrochando color y sensación de viveza y potencia. Muy limpio y brillante.
NARIZ. Un frente de notas dulces (mermelada de ciruela y fresa), da paso a un fondo de fruta ligeramente ácida, tonos balsámicos y regaliz, que completan el ciclo con notas aromáticas herbales (boj y forraje verde). Como resumen de esta nariz y en comparación con las anteriores, destacar la complejidad y viveza que  aporta a un rosado la añada joven por una parte y por otra ese toque especial y distintivo que le aporta la Syrah a un copage que no había variado hasta hoy, desde el nacimiento de este vino.
BOCA. Entrada ligeramente seca, con un paso glicérico y aterciopelado que tiende a expansivo, para llegar a un centro de boca donde se ofrece fruta madura (mora, melocotón), a la par de sensaciones potentes y vinosas, que se combinan con una sensación glicérica muy acuciada y demasiado salina. El final de boca es medio, con recuerdos agridulces y todavía marcados por esa salinidad anteriormente descrita.
 



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