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sábado, 15 de noviembre de 2014

PRIMITIVO QUILES GRAN IMPERIAL SOLERA CENTENARIA

UNA AGRADABLE SORPRESA

    
     La etiqueta, sobria y clásica como caracteriza a los productos de la bodega, ya nos daba alguna pista y dejaba entrever una producción muy limitada (sólo 165 botellas en la saca de 2.010). Las palabras “Extra dulce” y “Vino Generoso”, junto con los 16º de alcohol también me ponían en antecedentes.


     ¿Un fondillón encabezado y con azúcar residual? ¿Una especie de PX, pero de monastrell? El impenetrable color caoba de su capa y la densidad al girar el vino en la copa iban más por el camino de la segunda hipótesis. La sorpresa viene en nariz cuando descarto la monastrell, ya que, aunque la madera lleva muchos años haciendo su labor, ya llevo los suficientes vinos rancios de monastrell catados como para saber que aquello no se correspondía con la uva alicantina. Junto a los tofees, maderas de sacristía, dátiles, orejones, tabacos, cacaos y arropes, que arrojaba a raudales en una sinfonía muy bien afinada, había unas notas muy personales que sólo las puede dar otra variedad cuyos terpenos son capaces de sobrevivir durante decenios, como aquí quedó patente. ¿Moscatel? “Bingo”, me dijo quien ya lo conocía.
      
     Un amigo me contó una historia que venía a decir que ese vino es fruto de un afortunado error de bodega, donde muchos años atrás se llenó un tonel “monovero” de moscatel en vez de monastrell y siguió el mismo proceso de envejecimiento que sus hermanos, comprobándose en su día que se había producido un vino de muy alta calidad y muy personal. 

    No termino de creerme la historia, ya que supongo que se trataría más bien de una prueba experimental que de un error, máxime cuando hablamos de la elaboración de un fondillón, con el cuidado y la importancia que se le da a este vino en las bodegas de la zona. 

   En boca resultó meloso y aterciopelado al tacto, glicérico y cuasi oleoso en su paso. Profundamente noble en su centro de boca, donde las sensaciones que daba en nariz se multiplican por cien y nos ofrece desde el pan de higo al cacao amargo, pasando por azúcar tostada, miel de romero y melaza de caña. La acidez sigue presente para hacer su beber fácil y el alcohol, al ser natural, está perfectamente integrado en el conjunto.

     Como nota negativa, la de siempre que se prueba un grande: ¡sabe a poco!. Espero hacerme con una botella del próximo tiraje y buscarle un hueco en el cuadro de honor de los grandes vinos que produce esta tierra. Se lo ha ganado a pulso.

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

CELEBRADA LA CENA ANUAL DE LA ASOCIACIÓN DE SUMILLERES ASPA




           El pasado 26 de noviembre, el restaurante L’ Aubergue de France acogió la cena anual de gala de la Asociación de Sumilleres de la Provincia de Alicante ASPA, en la que como suele ser costumbre, la buena mesa, el buen vino y un encantador ambiente festivo por parte de los asistentes fueron la tónica de la velada.


          El servicio de sala estuvo a cargo del socio Juan Francisco Navarro, que supo hacer que los presentes estuviesen perfectamente atendidos, haciéndoles llegar de una manera impecable las creaciones que el chef y propietario Bruno Decounti ideó para la ocasión.

        Durante la cena se hizo entrega de los carnés e insignias a los nuevos socios, que fueron acogidos por los presentes con un caluroso aplauso que también se hizo extensivo a la abnegada labor que este año ha llevado a cabo la junta directiva, demostrando una capacidad de trabajo y organización verdaderamente envidiables.


          El protagonista vínico de la velada fue la bodega Enrique Mendoza, degustándose en esta ocasión su blanco Chardonnay, su tinto Santa Rosa 2.008 y el dulce Dolç de Mendoza. Un espectacular bufet de destilados y espirituosos donde cada socio pudo hacer funcionar su imaginación a la hora de crear su propio combinado, puso broche de oro a una cena a la que siguió una larga sobremesa en la cual se volvió a hacer patente la hospitalidad y la calidez de nuestros anfitriones.


         Hay que destacar que esta cena no supuso un punto y aparte en el calendario de catas y actividades de la asociación, que sigue siendo nutrido, anunciándose allí mismo una nueva cata de cavas premium para el próximo 10 de diciembre.


Menú
Sopa bullabesa al estilo provenzal
Foie micuit
Ensalada templada de pato y trigueros
Saquitos de chipirones y ajos tiernos
Raviolis de bogavante y calabacín
Perdiz estofada con guarnición de chucrut francés
Volcán de chocolate trufado



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domingo, 14 de octubre de 2012

CATA VERTICAL CESILIA ROSÉ DE BODEGAS HERETAT DE CESILIA




                Realizar la cata vertical de un rosado puede parecer a priori un despropósito, ya que la misma concepción del vino en sí lo predetermina a un consumo inmediato o como mucho circunscrito a la aparición en el mercado de la siguiente añada. Quizá por conocer de primera mano tanto al vino como a su creador Sebastien Boudón y pese a desoír sus propias sugerencias de “consumo preferente”, se organizó esta cata del vino de la bodega Heretat de Cesilia (Novelda. Alicante), el CESILIA ROSÉ, contando con las añadas desde el 2.006 al 2.011, donde descubrimos la vida que puede tener por delante un rosado elaborado al método francés (maceraciones cortas y prensado en frío y fermentación del 50% del vino en barrica de roble).


                Tenía poca esperanza en las primeras añadas, quizá influenciados por ese concepto hispánico del vino rosado, pero sin embargo esta experiencia nos hizo “resetear” nuestro disco duro y entender que en este peculiar tipo de vinificación, la añada cuenta pero no para peor, sino para aportar muchísimas virtudes a un vino que en teoría no debería durar vivo más de dos o tres años.

                Tras una observación global de los vinos, lo primero que llama la atención es la variedad de colores y tonalidades que adquieren éstos con el tiempo y la diferencia existente entre una añada y otra, que en absoluto sigue una degradación de color y tono lógica y uniforme, sino que, como veremos a continuación, demuestran que gozan de vida propia, por lo que cada uno ha evolucionado a su modo sin que el tiempo y la añada hayan condicionado su gradación cromática y aromática.                La segunda sorpresa viene a la hora de catar las primeras añadas y comprobar no sólo su vitalidad, sino la calidad y “noble senectud” que demuestran las más antiguas y que nos hicieron puntuar mucho mejor las primeras con relación a las muestras más actuales.


                La opinión general, una vez finalizada la cata, fue la de encontrarse con un vino rosado atípico, elaborado “a la francesa” que nos demuestra en copa un potencial de sabor y delicada potencia, que gana mucho con los años y nos ofrece unas notas de evolución positiva, que van mucho más allá de un rosado temporal y efímero al estilo de sus coetáneos y paisanos. Veamos con un poco de detenimiento las distintas añadas catadas y sus particularidades:

 CESILIA ROSÉ 2.006
90% Merlot y 10% Sirah. 13º alc.
VISTA. Color piel de cebolla muy ajado y evolucionado. Limpio y brillante
NARIZ. Ausencia de notas reductivas o “cárnicas” como se podría esperar en un rosado con 6 años. Predominio de notas lácticas (nata, mantequilla), que inmediatamente viran a ligeros acetaldehídos (laca y quitaesmalte). Reseñar que todo ello dentro de  una contención aromática agradable, que se combina con alguna nota floral (jazmín, azucena) y bastantes notas dulces (crema pastelera y vainilla).
BOCA. Entrada sorprendentemente viva, exultante de acidez, con claras notas de ciruela madura y flores azules (lilas). El centro se corresponde en retronasal a las notas que da en nariz demostrando una gran franqueza, teniendo un final acídulo y vivo, no exento de esas notas a mantequilla que combinan a la perfección para ofrecer un posgusto largo y agradable.

CESILIA ROSÉ 2.007
40% Merlot y 60% Monastrell. 12,5º alc.
VISTA. Color rojo fresa madura, muy entero y potente de tono, muy por encima en cuanto a tono y capa al 2.006. Limpio y brillante.
NARIZ. Ciertas notas reductivas (ligeras lacas), que al instante dan paso a unas elegantísimas notas a madera limpia, vainilla y mantequilla (whiskilactonas). Resumiendo se puede destacar la agradable nariz con la primera y única referencia a la crianza en madera que va a aparecer en toda la cata. Al dejar oxigenar la copa, aparecen notas florales a jazmín y ciertos tonos de licor de leche.
BOCA. Entrada ligeramente golosa, algo más que amble, dando paso a un centro que da la sensación de oquedad tras lo atractivo de la nariz. El final d evoca es largo, basado en un posgusto donde predominan los amargores no demasiado subidos que dotan al conjunto de cierta elegancia y equilibran la “pastelosidad” vivida en nariz y boca.


(La añada 2.008 no se pudo conseguir ni siquiera en bodega, por lo que desde aquí hacemos un llamamiento a un buen samaritano que conserve alguna botella y la quiera donar a la ciencia para redondear y completar esta cata retrospectiva, contactando con el número que aparece en pantalla).


CESILIA ROSÉ 2.009
85% Merlot y 15% Monastrell. 13º alc.
VISTA. Color naranja muy evolucionado, entre el zanahoria claro y el azafrán oscuro, muy desvaído de capa, ligeramente acuoso y virando a salmón. Algo falto de brillo, pero limpio y sin partículas en suspensión.
NARIZ. Acusadas notas reductivas (más bien tufos), dando inequívocas notas metálicas (lata de cerveza), que sin embargo pasan a ofrecer una fruta que no se había vislumbrado en las añadas anteriores (ciruela y jínjol). Una vez reposa, se apodera de la nariz un aroma a rosa marchita y a esparto muy acusado.
BOCA. La entrada es muy liviana en cuanto a sensaciones sápidas, ligeramente ácida, demostrando bastante vida por delante, aunque no se por qué ni para qué. En el centro se ve de manera clara que falta fruta y sobra algo de sensación alcohólica y potencia salina. El posgusto es corto con recuerdos “vinosos” y ligeramente herbáceos.

CESILIA ROSÉ 2.010
85% Merlot y 15% Monastrell. 13º alc.
VISTA. Color salmón subido virando a madera de cerezo, con bastante intensidad de color, pero a su vez con unas tonalidades ligeramente teja y oxidadas en el centro de la copa. Mantiene el brillo y la limpidez.
NARIZ. Destacan otra vez las notas lácteas, pero son rápidamente enmascaradas por aromas de frutos  del bosque azul (grosella, arándanos y moras) que ofrecen su vertiente más acídula y perfumada a la nariz de este vino.
BOCA. La entrada es muy viva y potente en cuanto a sensaciones vivas y acídulas, teniendo un paso glicérico y algo corpulento que va a desembocar en un centro de boca con predominio de las sensaciones vegetales y herbáceas, muy dotado de potencia alcohólica y con la suficiente carga de acidez para dar paso a un final bastante largo y acídulo, donde destaca la piel de ciruela, el hollejo verde y un lejano recuerdo a mora verde.

CESILIA ROSÉ 2.011
Merlot, Monastrell y Syrah. 12,5º alc.
VISTA. Color fresa oscuro virando a cereza vivo, derrochando color y sensación de viveza y potencia. Muy limpio y brillante.
NARIZ. Un frente de notas dulces (mermelada de ciruela y fresa), da paso a un fondo de fruta ligeramente ácida, tonos balsámicos y regaliz, que completan el ciclo con notas aromáticas herbales (boj y forraje verde). Como resumen de esta nariz y en comparación con las anteriores, destacar la complejidad y viveza que  aporta a un rosado la añada joven por una parte y por otra ese toque especial y distintivo que le aporta la Syrah a un copage que no había variado hasta hoy, desde el nacimiento de este vino.
BOCA. Entrada ligeramente seca, con un paso glicérico y aterciopelado que tiende a expansivo, para llegar a un centro de boca donde se ofrece fruta madura (mora, melocotón), a la par de sensaciones potentes y vinosas, que se combinan con una sensación glicérica muy acuciada y demasiado salina. El final de boca es medio, con recuerdos agridulces y todavía marcados por esa salinidad anteriormente descrita.
 



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miércoles, 3 de octubre de 2012

Enrique Mendoza Reserva Santa Rosa 2.008




DISPUESTO PARA HACERNOS DISFRUTAR CON MUCHO NIVEL


     Llevo siguiendo y disfrutando este vino desde sus comienzos y cada añada me vuelvo a sorprender de la maestría que demuestra Pepe Mendoza a la hora de crear un vino que “lo tiene todo”. Me explico: Tiene una calidad y una elegancia patente y demostrable con sólo llevarse la copa a los labios, es capaz de plasmar lo que pueden dar ciertas variedades, que en su día fueron foráneas, si se respeta la viticultura y se ayuda a la planta a crecer y adaptarse por si misma y por último, es un vino muy capaz de convencer  desde al profesional más avezado hasta al simple aficionado al vino. Gusta, se hace querer y beber sin brusquedades ni el más mínimo esfuerzo y además refunde las características que debe reunir un vino para hacerse grande sin ser pretencioso. Siempre está entre los vinos de Alicante que aconsejo probar a los entendidos de otras regiones o países y si el destinatario del consejo no es un profesional en el sentido estricto del término, pasa de ser “uno de los que” para ser “el que”. Veamos como se presenta esta añada:


     VISTA. Negro Azulado de capa muy alta, con ribete cárdeno delgado y repleto de materia colorante. Limpio y con un brillo muy atractivo. Se nota que es un recién nacido y que tiene vida y potencia por delante para dar y regalar.

     NARIZ. Frutilla del bosque acídula y mora madura, todo ello envuelto en un sinfín de notas florales y perfumadas de las que destacaría la violeta y la azucena. Cuando se oxigena la copa, aparecen notas a fruta mucho más madura, dando ciruela y mermelada de tomate. La madera se ve muy cuidada y comedida, aportando “únicamente” un abanico de especiados (clavo, nuez moscada, pebrella), que se entremezcla con notas a tabaco, cacao y unos leves tostados algo amaderados.  Si lo dejamos respirar unos minutos, a la fruta madura se añade un sinfín de balsámicos (laurel, menta, hinojo) y notas de monte bajo que delatan su moderado carácter mediterráneo (tomillo, comino, salvia).
En esta nariz tenemos un equilibrio muy logrado entre fruta no excesivamente golosa, alcohol que en ninguna fase se marca por encima de lo deseable y madera que además de no apoderarse, da lo mejor de sí de una forma muy sutil.

     BOCA. La entrada es bastante seca y se olvida ya de madureces y florecillas. Ya deja clara desde un comienzo la seriedad del vino que se está catando. El paso es fluido y liviano, carente de taninos ni “agarres” en el paladar por algún elemento que pudiera estar a medio domesticar. El centro de boca derrocha elegancia frutal, acidez algo subida en detrimento de algún toque dulcificado que quizá venga con los años y una retronasal a mora y grosella negra que también dejan ver su arista acídula. El final de boca es bastante largo y nos ofrece una combinación muy correcta entre ciruela bastante madura y una sensación algo maderosa y ligeramente pulverulenta (serrín), que permanece en la lengua durante un corto espacio de tiempo.




     En conclusión tenemos un vino perteneciente a una saga cuya fama (ganada a pulso desde hace  muchos años) le precede y que en esta añada también cumplirá las expectativas y hará honor a su familia, pero en esta ocasión ya desde el momento de ver la luz. No esperen grandes mejorías con el transcurrir de los años, porque sencillamente no las necesita. Ha nacido elegante y con un equilibrio casi perfecto. Por supuesto que tiene vida y capacidad de guarda para rato, pero se disfruta en todas sus facetas desde hoy mismo sin tener que esperar una evolución que en mi opinión no va a aportar mucho más goce para los sentidos del que nos está dando hoy.


Tipo de vino: Tinto con crianza (17 meses en roble francés).
D.O./ Zona: Alicante.
Variedades: 70% Cabernet sauvignon, 15% Merlot y 15% Syrah.
Grad. Alcoh.: 14º Alc.
Bodega: Enrique Mendoza. Partida El Romeral, s/n. Alfaz del Pí (Alicante) tlf. 965 888 639


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